Las Naciones Unidas se enfrentan a un momento crítico en sus operaciones de mantenimiento de la paz, con la inminente reducción de un 25% de sus fuerzas en diversas áreas de conflicto alrededor del mundo. Esta drástica medida será necesaria para hacer frente a los recortes significativos en la financiación por parte de Estados Unidos, el principal donante de la organización internacional.
La recesión de tropas, que afectará a entre 13.000 y 14.000 soldados y policías de los más de 50.000 que actualmente sirven en nueve misiones globales, se impone en medio de un replanteamiento del compromiso estadounidense con la ONU bajo la política de “America First” del presidente Donald Trump. El presupuesto destinado a las fuerzas de mantenimiento de la paz se recortará en aproximadamente un 15% para el próximo año fiscal, lo que inevitablemente afectará a algunas de las misiones más antiguas y vitales, como las que operan en Somalia y otros puntos críticos incluyendo el Congo, Sudán del Sur, Líbano, Chipre y Kosovo.
En una reciente reunión, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, discutió la situación con representantes de los principales países donantes, incluyendo a Mike Waltz, el nuevo embajador de EE.UU. ante la ONU. Waltz, junto con otros funcionarios de la Administración Trump, critica abiertamente el gasto de la ONU, argumentando que muchas de sus operaciones son infladas y redundantes. Prometieron frenar futuras contribuciones hasta que se evalúe la efectividad de todas las agencias y programas de la organización.
Esta política de revisión se inscribe en un contexto más amplio, donde EE.UU. ya ha cortado la financiación a organismos clave como la UNESCO y la Organización Mundial de la Salud, y está reevaluando su contribución a otras agencias de la ONU. Más de 60 oficinas y agencias de la organización con sede en Nueva York se preparan para enfrentarse a recortes de empleo de hasta el 20%, reflejando las presiones financieras y políticas actuales.
Waltz ha declarado, en entrevistas recientes, que el enfoque de la Casa Blanca es asegurar que la ONU se alinee con sus principios fundacionales de promover la paz y prevenir guerras, eliminando lo que perciben como funciones innecesarias. Esta dirección ha conducido a una baja significativa en los fondos: mientras que el año pasado EE.UU. contribuyó con 1.000 millones de dólares (859 millones de euros) a los esfuerzos de mantenimiento de la paz, este año se espera una reducción a solo 680 millones de dólares (584 millones de euros).
Las contribuciones de Estados Unidos y China son esenciales, ya que constituyen aproximadamente la mitad del presupuesto total para el mantenimiento de la paz de la ONU. Se espera que China cumpla con su total de contribuciones a finales de año, lo que asegura su papel como un actor crítico en la financiación de las operaciones de la ONU, donde aporta un 20% del presupuesto ordinario y aproximadamente el 24% de la financiación para el mantenimiento de la paz.
Con el panorama actual, el futuro de estas cruciales operaciones de paz podría estar en un camino incierto, dependiendo de cómo se desarrolle la relación entre Estados Unidos y la ONU en los próximos meses, así como del impacto que estos recortes tendrán en las regiones afectadas por conflictos.
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