Europa no parece hacerse muchas ilusiones sobre el éxito de la cumbre en Ginebra entre Joe Biden y Vladimir Putin. El mismo día que se reunían los presidentes de EE UU y de Rusia para intentar un acercamiento la Comisión Europea ha publicado un informe que anticipa nuevas turbulencias entre la UE y su gigantesco vecino del este.
“El liderazgo ruso utiliza toda una variedad de instrumentos para influir, interferir, debilitar o, incluso, para intentar desestabilizar a la UE y a sus Estados miembro” señala el documento, encargado por el Consejo Europeo a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, y a Borrell, en su calidad de jefe de la diplomacia europea. El informe enumera los ataques cibernéticos “cada vez más sofisticados” orquestados desde Rusia, las campañas de manipulación informativa, los ataques con armas químicas en suelo europeo o a explosiones en un centro militar en la República checa.
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Borrell ha reconocido que las relaciones de la UE y Rusia “se encuentran en su punto más bajo”. Y cree que “la continuación del deterioro es el escenario más probable en estos momentos”.
El informe de la Comisión, que será analizado y probablemente respaldado por los 27 gobiernos de la UE la semana que viene. Plantea una triple vía para lidiar con un vecino al que define como “un desafío estratégico clave”. Von der Leyen y Borrell sugieren afrontar la “espiral negativa” con medidas de respuesta, como las sanciones, contra las violaciones de derechos humanos por parte del Kremlin y con una defensa cerrada del orden internacional frente a las agresiones territoriales contra Ucrania, Georgia u otros vecinos del este. “La UE rechaza firmemente el objetivo de Rusia de contar con una esfera de influencia privilegiada. Los socios del este tienen un derecho pleno y soberano a decidir libremente la forma y profundidad de sus relaciones con la UE y otros actores internacionales”, señala el documento.
“En ciertas áreas, Rusia es un socio necesario, por no decir inevitable”
Josep Borrell, jefe de la diplomacia europea
SEGUNDA
La segunda vía apunta a la contención de los intentos de Rusia de socavar los intereses de la UE. En ese terreno se apunta la mejora de las capacidades de defensa. Ciberseguridad y de resistencia frente a amenazas híbridas, en cooperación con la OTAN.
La idea de Bruselas es explotar la dependencia de Rusia del mercado europeo, al que destina dos tercios sus exportaciones de petróleo y de gas, mientras que en China solo vende el 27% y el 2% respectivamente.
Transición energética
El informe apunta que “Rusia sufre serias y crecientes debilidades estructurales”, con una caída de renta disponible del 10% desde 2013. En esas condiciones, Bruselas cree que la limitación del acceso al mercado energético europeo podría hacer mucho daño a un país. El petróleo, gas y carbón representan el 60% de sus exportaciones, el 40% de los ingresos presupuestarios y el 25% de su Producto Interior Bruto. La Comisión calcula que en un plazo de 10 o 20 años Rusia acusará el impacto de la transición energética de la UE.
TERCERA
La tercera propuesta de Bruselas, la más deseable pero la que se ve lejana y complicada, es el desarrollo de una “agenda positiva”, basada en la cooperación en la lucha contra el cambio climático o en los escenarios globales donde la UE y Rusia tienen intereses (desde Libia a Oriente Medio o el Ártico). “En ciertas áreas, Rusia es un socio necesario, por no decir inevitable”, ha reconocido Borrell en la presentación de su informe.
El fomento del contacto de las poblaciones respectivas también se señala como vía hacia un mayor entendimiento. Rusia del mundo donde se expiden más visados para la zona Schengen 4,1 millones en 2019, antes de la pandemia de fuera de la UE con más estudiantes en el programa de becas Erasmus. Pero por ahora no parece que todo ese trasiego haya frenado la actitud agresiva del equipo de Putin hacia la UE.


