Averiguar si el repunte de la inflación precipitaría. La retirada del salvavidas que para la economía de EE UU ha supuesto durante la pandemia la política monetaria de la Reserva Federal (Fed). Era la principal incógnita en torno a la reunión que el banco central ha celebrado este martes y miércoles en Washington.
La tasa de paro actual es del 5,8%, frente al 3,5% anterior a la pandemia lograron paliar en parte la ansiedad de los mercados.
Una palabra, tapering (retirada de estímulos), era la clave. Pero sobre todo resultaba crucial una fecha: la del calendario de desconexión, saber cuándo se empezará a retirar el respirador mecánico a la economía.
La Fed ha decidido mantener intactos los tipos de interés.
El banco emisor también ha elevado la previsión de crecimiento para 2021 al 7% (el 6,5% en la proyección de marzo) y la tasa de inflación, al 3,4%, un punto por encima de la última previsión (2,4%).
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Wall Street aguardó la decisión, adoptada por unanimidad, con leves descensos. El índice S&P cayó un 0,3%, mientras que el Dow Jones se dejaba medio punto y el tecnológico Nasdaq, un inapreciable 0,1%. Con los mercados de renta variable temerosos de un tapering abrupto, el relato del boom inflacionista se mantenía entre los analistas en las horas previas al anuncio de las conclusiones. Pese a las expectativas de un verano complicado, sobrecalentado por la demanda del consumo y aún pendiente de la evolución de la pandemia.
La mayoría coincidía a la hora de conjeturar la decisión de los 11 miembros del FOMC. El departamento de la Fed responsable de decidir ocho veces al año el tipo de interés básico estadounidense. “Si bien es poco probable que la inflación vuelva a su ritmo prepandémico por debajo de la media (lo que sería algo positivo), vemos pocas razones para alejarnos de la narrativa del shock transitorio” de la inflación, sostenía Gilles Moëc, economista jefe de AXA Investment Managers. “La inflación subyacente seguirá siendo elevada, pero creemos que es plausible que esta fuente de deriva inflacionaria se desvanezca a finales del verano; por el momento, la Fed puede mantener cómodamente su postura de cautela”.
La publicación, la semana pasada, de los datos del IPC hizo sonar todas las alarmas. En términos interanuales los precios se dispararon al 5%, máximos desde septiembre de 2008 y muy por encima del objetivo del 2% de la institución. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, subió al 3,8%, desde el 1,3% anual de la proyección anterior de la Fed, y su nivel más alto en 28 años. Los cuellos de botella en las cadenas de suministro, la recuperación de los precios de las materias primas. La reapertura del sector servicios y, sobre todo, el aumento inédito de los precios de los coches usados, generaron la tormenta inflacionista perfecta.
Uno de los dos pilares del salvavidas de la Fed es la compra de activos, a razón de 120.000 millones al mes desde marzo de 2020 (80.000 millones en bonos del Tesoro y 40.000 en productos financieros ligados a préstamos hipotecarios). La reunión previa de la Fed había revelado algunas diferencias entre los moderados y los halcones, partidarios de plantear ya la reducción de las compras.
El otro pilar ha sido mantener el precio del dinero en torno al 0% desde el inicio de la pandemia. Pero incluso la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, ha apuntado que con el ritmo de recuperación actual la Fed puede verse obligada a subir los tipos para evitar el sobrecalentamiento.
“Esperar y ver”
Moëc considera que “mantener un ritmo significativamente elevado de compras de activos durante el verano tiene todo el sentido en términos de gestión del riesgo y hay tres razones para justificar una situación de wait and see [esperar y ver] por parte de la Fed: cómo pueden lidiar los mercados con lo que será un verano complicado para la Fed.
También esperamos que los directivos de la Fed aborden realmente el plan de reducción de las compras de activos.
Al mismo tiempo, creemos que hará hincapié en que la recuperación económica todavía tiene un largo camino por recorrer. “Powell podría plantear la idea de reducir las compras de bonos en la reunión de septiembre. Aunque nuestro escenario base sigue siendo que el tapering se anuncie en diciembre, pensamos que la Fed podría reflexionar sobre la posibilidad de hacerlo en septiembre en caso de que la inflación sea más persistente de lo esperado”.


