La reciente tragedia que resultó en la muerte de al menos 13 personas tras el descarrilamiento de un convoy del Tren Interoceánico ha puesto en el centro de atención uno de los proyectos más ambiciosos de la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Diseñado para competir en el transporte de mercancías con el Canal de Panamá, este proyecto comenzó con un presupuesto inicial estimado en 20.000 millones de pesos. Sin embargo, hasta la fecha, los gastos han superado las expectativas, alcanzando más de 62.000 millones de pesos, lo que refleja un preocupante aumento en los sobrecostos.
Este incidente ocurrió en la línea Z, que conecta Coatzacoalcos en Veracruz con Salina Cruz en Oaxaca, y se produjo durante una inauguración que tuvo lugar en junio de 2020. Durante esta ceremonia, el presidente se refirió a la historia de este trayecto, remarcando los obstáculos que impidieron su desarrollo a inicios del siglo XX. En esa ocasión, López Obrador mencionó que se destinarían aproximadamente 3.000 millones de pesos a la fase inicial del proyecto, cifra que, a medida que las dificultades se acumularon, creció considerablemente.
De acuerdo con una solicitud de transparencia realizada en 2025, se estimó que la rehabilitación de todas las líneas del proyecto ascendería a 62.000 millones de pesos. En particular, la línea Z tiene un costo proyectado de 12.000 millones de pesos, mientras que la línea FA, que va de Coatzacoalcos a Palenque, costará cerca de 14.000 millones de pesos. Por su parte, la línea K, que conectará Ixtepec en Oaxaca con Ciudad Hidalgo en Chiapas, absorbe la mayor parte del presupuesto, con un costo estimado de 36.000 millones de pesos.
Los sobrecostos no son algo aislado dentro de los proyectos impulsados por la administración de López Obrador. Tomemos como ejemplo el Tren Maya, cuya inversión inicial fue calculada en 150.000 millones de pesos; en la actualidad, los gastos han superado la cifra de 500.000 millones de pesos, con la adición de necesarios ajustes para optimizar el transporte de carga a lo largo de sus más de 1.500 kilómetros de vía en la península de Yucatán.
Otro proyecto emblemático, la refinería Olmeca Dos Bocas, presentada en diciembre de 2018, prometía un coste de 160.000 millones de pesos y una inauguración planificada para junio de 2022. Sin embargo, estas metas no se han cumplido. Un informe reciente de Petróleos Mexicanos estima que el presupuesto ha alcanzado 20.959 millones de dólares (más de 400.000 millones de pesos al cambio actual), y aunque ha sido inaugurada en múltiples ocasiones, su producción sigue sin alcanzar la capacidad total instalada.
El reciente descarrilamiento no solo pone de manifiesto la fragilidad de las obras en curso, sino que también reabre el debate sobre la gestión financiera y la viabilidad de proyectos de gran envergadura en el país. La administración actual, marcada por ambiciosos planes de infraestructura, enfrenta cada vez más el escrutinio de la opinión pública sobre cómo se manejan los recursos y las expectativas en torno a estas obras significativas.
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