Las bebidas azucaradas y el alcohol continúan siendo accesibles en muchos países, un hecho que complica la lucha contra diversas enfermedades crónicas asociadas a su consumo. Según dos informes recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la necesidad de incrementar los impuestos sobre estos productos se vuelve cada vez más evidente, especialmente en un contexto donde las tasas de enfermedades como la diabetes siguen en aumento.
La OMS ha instado a los gobiernos a implementar mayores gravámenes sobre el alcohol y las bebidas azucaradas. La lógica detrás de esta recomendación es clara: elevar los precios contribuiría a disminuir el consumo de estos productos, al mismo tiempo que generaría recursos adicionales en un periodo de creciente deuda pública y disminución en la ayuda al desarrollo. Hasta 2024, se ha observado que las bebidas azucaradas se han vuelto más asequibles en 62 países en comparación con 2022, mientras que la cerveza ha experimentado la misma tendencia en 56 naciones.
El Dr. Tedros Ghebreyesus, Director General de la OMS, enfatizó que aunque los impuestos sanitarios no son una solución definitiva y pueden enfrentar resistencia de poderosos sectores industriales, han demostrado ser herramientas efectivas para mejorar la salud pública cuando son aplicadas correctamente. La OMS ha lanzado una iniciativa audaz: busca que, durante la próxima década, los precios de bebidas azucaradas, alcohol y tabaco se incrementen en un 50% mediante impuestos. Este ambicioso proyecto espera generar hasta 1 billón de dólares en ingresos fiscales para 2035, tomando como referencia el éxito de políticas similares en países como Colombia y Sudáfrica.
En este contexto, grandes marcas como Coca-Cola y PepsiCo están bajo el radar de autoridades de salud, incluyendo a Robert F. Kennedy Jr., Secretario de Salud de Estados Unidos. Kennedy ha promovido la campaña “Make America Healthy Again”, abogando por reducir el consumo de alimentos altamente procesados y alentando dietas más saludables basadas en proteínas y menos azúcar.
La continua exposición a bebidas azucaradas y alcohol no solo plantea un desafío individual, sino que también se convierte en un problema de salud pública que requiere atención urgente. Solo el tiempo dirá si los esfuerzos de la OMS y las iniciativas fiscales tendrán el impacto deseado en los hábitos de consumo globales, pero está claro que la lucha contra estos productos no ha hecho más que comenzar.
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