El desperdicio de comida se ha convertido en una de las fugas más alarmantes de recursos económicos en los hogares mexicanos, que a menudo pasa desapercibido. Según Diego Tapia, director general de la Red de Bancos de Alimentos de México, un impactante 40% de los alimentos adquiridos se desperdicia y termina en la basura. Este ineficiente uso de recursos no solo afecta el bolsillo, sino también el medio ambiente y la seguridad alimentaria del país.
El problema del desperdicio de alimentos no se limita a la compra excesiva. En realidad, se produce en múltiples etapas de la cadena productiva, siendo los hogares la principal fuente de desperdicio en México. A nivel global, el Food Waste Index Report 2024 del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) revela que se desperdician 1.05 millones de toneladas de alimentos anualmente, de las cuales 631 millones provienen de los hogares, representando un alarmante 60% del total.
Entre las causas del desperdicio, Tapia destaca la falta de conocimiento sobre la vida útil de varios productos alimenticios. Por ejemplo, si una persona compra limones que en refrigeración duran solo siete días, pero adquiere suficientes para un uso de quince días, es probable que la mayoría termine desechada. Esta ineficacia se agrava por el comportamiento de compra: muchas personas suelen abastecerse cuando reciben su salario, sin planificar adecuadamente según sus necesidades.
Para abordar esta situación, Tapia sugiere una planificación más efectiva de las compras. En lugar de realizar grandes compras cada dos semanas, se recomienda hacer compras más pequeñas y frecuentes, como cada cinco días. Esta estrategia permite que los hogares adquieran únicamente la cantidad necesaria de alimentos y evita la acumulación que lleva al desperdicio.
Además, es fundamental que las familias formulen un presupuesto para su despensa, adaptado a las necesidades particulares de cada miembro del hogar. Esto incluye considerar las restricciones alimenticias por razones de salud, como la diabetes o la hipertensión. La planificación no sólo debe concentrarse en productos, sino también en el menú que se desea preparar, lo que optimiza el uso de los recursos.
La Red de Bancos de Alimentos de México también juega un papel crucial en la educación sobre el uso eficiente de los alimentos. A través de capacitaciones, fomentan el aprovechamiento total de los alimentos y la creación de menús adaptados a las necesidades de cada familia.
En resumen, el desperdicio de alimentos genera no solo una pérdida económica significativa, sino también un desperdicio enorme de recursos hídricos utilizados en la producción de esos alimentos. La ONU estima que 783 millones de personas padecen hambre en todo el mundo, resaltando la importancia de abordar este problema urgentemente. Con una mejor planificación y educación, es posible reducir este alarmante desperdicio y contribuir a un uso más sostenible de nuestros recursos.
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