La economía de Rusia ha experimentado un crecimiento notablemente más lento, con un aumento del 1% en 2025, según declaró el presidente Vladimir Putin. Esta cifra representa una caída con respecto a los índices de expansión registrados en años anteriores, principalmente debido a las repercusiones de la guerra en Ucrania.
Desde el inicio del conflicto militar en febrero de 2022, el gobierno ruso había aumentado significativamente su gasto en fuerzas armadas, lo que inicialmente impulsó un crecimiento económico que desafiaba las proyecciones pesimistas de colapso. Sin embargo, este incremento en el gasto ha desencadenado un aumento de la inflación, que ha mermado el crecimiento real del país.
Putin informó que el crecimiento del PIB en años anteriores había sido más alentador: 4.1% en 2023 y 4.3% en 2024. La recuperación anterior fue explicada en parte por la mobilización de recursos para la defensa, pero la tendencia a la baja ahora es evidente. El presidente reconoció que esta desaceleración era esperada y derivada, en gran medida, de medidas tomadas para contener la inflación, que se redujo al 5.6% en 2025, en comparación con el 9.5% en el año previo.
El Banco Central de Rusia, anticipando este descenso en la inflación, optó en diciembre por reducir su tasa de interés de referencia al 16%. Sin embargo, según la agencia estatal de estadísticas, Rosstat, no se espera que la inflación anual alcance el objetivo del 4% hasta 2027, lo que plantea un reto significativo para la política económica del país.
En sus declaraciones recientes, Putin subrayó la necesidad urgente de restaurar la tasa de crecimiento económico, mejorar el clima empresarial y fomentar la inversión, con un énfasis particular en el aumento de la productividad laboral. Un aspecto crítico que ha afectado las finanzas públicas son los ingresos por petróleo y gas, que han alcanzado niveles mínimos en cinco años, en parte a causa de las sanciones impuestas por Europa y Estados Unidos tras el inicio del conflicto en Ucrania.
La situación actual subraya la complejidad de la economía rusa, que, a pesar de los esfuerzos por estabilizar y recuperar su crecimiento, continúa enfrentando desafíos importantes en medio de un entorno global cada vez más tenso.
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