A medida que Israel avanza en la expansión de su control sobre la Cisjordania, la comunidad internacional ha comenzado a expresar su preocupación ante un posible daño al patrimonio cultural de esta región. Recientemente, un proyecto de ley que busca establecer una autoridad civil israelí para gobernar los sitios arqueológicos en la Cisjordania ha generado una considerable condena. Los grupos de defensa sostienen que esta medida viola el derecho internacional y podría tener serias implicaciones para el futuro de una posible solución de dos estados.
El 8 de febrero, el Comité Ministerial de Legislación de Israel aprobó una primera lectura de este proyecto, que confiere amplios poderes al ministro de patrimonio, Amihai Eliyahu, para designar un consejo de gobierno, declarar sitios de antigüedad y expropiar tierras y antigüedades por todo el territorio. Este proyecto se someterá a más lecturas en la Knesset, el órgano legislativo central de Israel, en las próximas semanas.
Los grupos defensores de los derechos humanos, como Peace Now y la Iniciativa de Ginebra, han denunciado el proyecto, describiéndolo como una “anexión extraterritorial” que amenaza cualquier viabilidad de negociaciones futuras para alcanzar un acuerdo duradero. Según la legislación internacional, incluida la Convención de La Haya de 1954 y la Cuarta Convención de Ginebra, un poder ocupante no debe hacer cambios permanentes en las instituciones o ejercer derechos soberanos en el territorio ocupado.
La situación es aún más compleja debido a los Acuerdos de Oslo, que dividieron Cisjordania en áreas A, B y C, cada una con diferentes niveles de autoridad. Bajo este marco, la autoridad sobre el patrimonio en las áreas A y B está asignada a la Autoridad Palestina, mientras que Israel tiene control sobre el área C. Los grupos advierten que aplicar la autoridad israelí en las áreas A y B significaría desmantelar acuerdos previos cruciales para los dos pueblos.
El ministro Eliyahu, de la extrema derecha y miembro del partido Otzma Yehudit, confirmó en un reciente post en redes sociales que el gobierno sigue adelante con la creación de esta nueva autoridad para Judea y Samaria, resaltando que este esfuerzo es un acto de afirmación de soberanía, y citando pasajes bíblicos para legitimar esta acción.
Los opositores a esta medida argumentan que permite a Israel apropiarse de tierras de patrimonios que están, en muchos casos, al lado de localidades palestinas, lo que podría ofrecer un pretexto para establecer un control israelí más profundo en las zonas habitadas. En un contexto más amplio, nuevas medidas anunciadas el 8 de febrero de 2026 planean expandir el control israelí sobre la Cisjordania y facilitar la ocupación por parte de colonos.
Uno de los sitios más emblemáticos en riesgo es Sebastia, en el área B de Cisjordania. Este lugar, que posee una rica historia cultural caracterizada por restos de diversas épocas, como la romana y bizantina, se encuentra bajo la amenaza de una reciente orden de expropiación que busca confiscar terrenos de los residentes locales y controlar el patrimonio adjunto. El personal encargado de la arqueología de la administración civil israelí afirmó que esta acción es necesaria para proteger y rehabilitar el sitio, marcando la expropiación como un avance significativo en proyectos arqueológicos desde la ocupación de 1967.
Sin embargo, los residentes de Sebastia, dependientes del turismo cultural para su sustento, ven esta medida como una forma de desalojo encubierto. Zaid Azahari, un guía turístico de la localidad, expresó que separar el sitio de la comunidad no solo afectaría su identidad, sino que también acabaría con su medio de vida.
Este conflicto sobre el patrimonio en Cisjordania no solo es una cuestión de leyes y políticas; es un reflejo de una comunidad que lucha por su existencia y su conexión con su historia. La deficiencia en la acción de organismos internacionales y la falta de un diálogo efectivo entre las partes han dejado a las comunidades locales en una situación precaria, pero decidida a preservar su legado cultural. La situación en Sebastia es solo un vistazo a una crisis más amplia, donde la historia y la política se entrelazan en un escenario de tensiones continuas, donde la humanidad y el patrimonio están en juego.
Conforme avanzamos en este contexto volátil, queda claro que la lucha por el patrimonio cultural en Cisjordania es un microcosmos de las luchas más amplias por la identidad, la soberanía y la paz. Un legado compartido que, si no se protege, podría perderse para las futuras generaciones.
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