La proyección del cine catalán en la escena internacional se fortalece con el estreno mundial de “Iván & Hadoum” de Ian de la Rosa en Panorama durante este año en Berlinale. Esta película se presenta como un claro reflejo de una ola de debutantes catalanes que, gracias a laboratorios de desarrollo, programas de cortometrajes y una infraestructura institucional en auge, están comenzando a dar frutos notables.
La trayectoria de De la Rosa resulta especialmente interesante. Su cortometraje “Farrucas” le permitió hacerse notar al ganar el premio Gaudí, convirtiéndose en el primer director trans en lograr este reconocimiento en España. Además, su colaboración en la exitosa serie de HBO Max “Veneno” subraya su creciente influencia en la industria.
Con “Iván & Hadoum”, una co-producción entre España, Alemania y Bélgica, De la Rosa aborda temas como el amor, la identidad y el trabajo en los invernaderos del sur de España. Este enfoque se suma a una generación de cineastas catalanes que exploran nuevas narrativas, fusionando visiones personales con ambiciones internacionales.
Cataluña está experimentando un cambio significativo en su cine. La nueva ola de cineastas ha comenzado a alejarse del modelo íntimo y específico de sus predecesores de los años finales de 2010, como lo evidenció “Verano de 1993” de Carla Simón. Esta nueva generación está incursionando en géneros variados, logrando co-producciones internacionales que amplían su alcance más allá de las fronteras ibéricas.
Iniciativas como RECLab, vinculada al Festival de REC de Tarragona, están en el corazón de esta transformación. Este programa ha respaldado obras prometedoras y ha mostrado avances en películas como “20,000 especies de abejas” de Estibaliz Urresola, seleccionada para la competencia de Berlín 2023, y “Cork” de Mikel Gurrea, presentada en la sección de Nuevos Directores de San Sebastián 2022.
Según Javier García Puerto, director del Festival de REC y RECLab, el enfoque ha evolucionado: “En los primeros años, favorecimos películas más independientes y híbridas. Con el tiempo, hemos diversificado temáticas y estilos, explorando la rica diversidad creativa de España.” Ahora, las producciones de esta generación son una mezcla de sensibilidad artística y características de género, con un enfoque en el optimismo en lugar de la desesperación.
Una de las películas que ejemplifica esta nueva dirección es “Strange River” de Jaume Claret Muxart, que tuvo su estreno mundial en Venecia el año pasado. La historia de un adolescente en un viaje en bicicleta a lo largo del Danubio ganó el Golden Puffin en Reikiavik, destacando el talento emergente de su director, quien se mostró emocionado por presentar su lengua materna en su primer largometraje.
Por otro lado, “Fury” de Gemma Blasco explora el trauma personal mediante un enfoque teatral, y ha cosechado tres importantes premios en Málaga. La directora ha trabajado años en este proyecto, motivada por la falta de representaciones que reflejaran su experiencia.
Se están gestando otros debuts llamativos, como “Forastera” de Lucía Aleñar Iglesias, un drama de duelo con tintes de género que ganó el premio Fipresci en Toronto, y “The Good Daughter” de Júlia de Paz Solvas, que triunfó en el Festival de Noches Negras de Tallin.
Esta transformación marca un cambio generacional; a diferencia de sus predecesores que operaban con presupuestos que rara vez superaban el millón de euros, estos cineastas están conformando paquetes de producción internacional desde el inicio, logrando captar la atención tanto en festivales como en taquilla.
En cuanto a las selecciones catalanas para Berlín, “Porto Alegre” de Álvaro Gago y “Robbery, Beating and Death” de Marcel Borras y Nao Albet han sido seleccionadas para distintos mercados del festival. Gago, cuya anterior obra “Matria” fue reconocida en Berlín, ofrece un relato vibrante sobre la resiliencia de un joven tras la muerte de su madre. Por su parte, Borras y Albet fusionan comedia y crítica en su serie sobre un robo bancario.
Este panorama refuerza la idea de que el cine catalán está experimentando un resurgimiento, fomentado por una nueva generación de cineastas con un enfoque innovador, convirtiéndose en una fuerza emergente en el ámbito cinematográfico europeo.
Este fenómeno, observado hasta el 15 de febrero de 2026, refleja un renovado espíritu creativo que vale la pena seguir de cerca.
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