Marx Arriaga, quien ocupaba el cargo de director general de Materiales Educativos en la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México, fue el protagonista de una controversia que culminó en su despido el 16 de febrero de 2026. Tras haber soportado una avalancha de críticas y litigios en relación con los libros de texto de la Nueva Escuela Mexicana, su salida se produjo en un contexto donde se confrontaron decisiones sobre la representación de las mujeres en los materiales educativos.
El modelo educativo conocido como la Nueva Escuela Mexicana fue anunciado en 2022 por el presidente Andrés Manuel López Obrador como una apuesta por un enfoque educativo más inclusivo y autónomo para los docentes. A través de este nueva estructura, la SEP debía establecer lineamientos generales, mientras que los educadores y los consejos técnicos escolares tendrían la libertad de adaptar los programas a las necesidades específicas de sus alumnos.
Pronto, sin embargo, ese ideal se vio opacado por un cúmulo de acusaciones de ideologización, errores y deficiencias en las materias. Académicos, organizaciones educativas y padres de familia denunciaron que los nuevos materiales eran deficientes en áreas fundamentales como las matemáticas y la literatura. La crítica alcanzó un clímax inusitado, con manifestaciones que incluían incluso la quema de libros en distintas localidades del país.
A pesar de estas reacciones adversas, Arriaga defendió la calidad de los textos afirmando que un grupo diverso de más de mil colaboradores, incluidas personas de comunidades indígenas y afromexicanas, había participado en su elaboración. Las acusaciones apuntaban a errores graves, tales como la representación incorrecta de posiciones planetarias en un diagrama o la confusión en el contexto de ciertas fracciones, lo que incidió en el cuestionamiento del valor educativo de los materiales. La situación se complicó aún más cuando se incluyeron menciones de figuras políticas como Lorenzo Córdova, quien fue señalado por discriminación hacia grupos indígenas en un contexto polémico que resultó en un amparo a su favor que obligó a la SEP a eliminar su nombre de los libros.
La posición de Arriaga llegó a ser defendida por López Obrador, quien lo consideraba un baluarte frente a las críticas. En varias ocasiones, el presidente manifestó que muchas de las críticas eran infundadas y que la oposición se basa en un rechazo ideológico más que en un análisis objetivo de los contenidos. Sin embargo, la presión continuó y culminó en una ruptura con la presidenta de la SEP, Claudia Sheinbaum, quien argumentó que no se permitirían modificaciones a los textos.
Después de una serie de tensiones, las negociaciones llevaron a la resolución de que Arriaga se retirara de su puesto sin aceptar cambios a los libros. Su salida, considerada un acto simbólico de resistencia, fue finalmente marcada por el reclamo de que los libros no debían ser patrimonio de una sola persona, y que su contenido representaba un debate más amplio sobre la educación en el país.
La polémica que escenificó la gestión de Arriaga está lejos de ser un mero episodio administrativo; ha planteado preguntas fundamentales sobre el futuro educativo de México y la forma en que se aborda la historia y la cultura en los libros de texto. Mientras el nuevo liderazgo se hace cargo con la pedagoga y poeta indígena Nadia López, queda la expectativa sobre cómo se desarrollará esta nueva etapa en la educación y la institucionalización del debate en torno a la representación social y cultural en los materiales educativos.
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