Las conversaciones de paz entre Ucrania y Rusia en Ginebra, que tuvieron lugar el 18 de febrero de 2026, se cerraron tras solo dos horas de diálogo. Este encuentro, mediado por Estados Unidos, dejó a la vista un clima de tensiones, con el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, calificando las discusiones de “difíciles” y acusando a Rusia de obstaculizar deliberadamente el avance hacia un acuerdo que podría poner fin a una guerra que ya se extiende por cuatro años.
“Se han logrado ciertos avances, pero las posiciones siguen muy distantes”, comentó Zelenski en un chat posterior a las negociaciones. Por su parte, Rustem Umerov, jefe del equipo negociador de Ucrania, describió el segundo día de conversaciones como “intenso y sustantivo”, sugiriendo que ambas partes estaban contemplando decisiones que podrían elevarse a sus respectivos presidentes. Sin embargo, el principal negociador ruso, Vladímir Medinski, no ofreció detalle alguno sobre cuándo podrían celebrarse nuevas reuniones.
A lo largo de estos años de conflicto, las autoridades ucranianas han acusado a Moscú de negociar de mala fe. Esta crítica se hace más relevante en el contexto de la reciente campaña de bombardeos invernales contra las infraestructuras energéticas de Ucrania, que ha intensificado el sufrimiento de la población civil, dejando a cientos de miles sin calefacción ni electricidad.
La presión de Estados Unidos ha sido palpable en este proceso. Zelenski mencionó que no era equitativo que se exigieran concesiones al país agredido, mientras se ignoraban las responsabilidades de Rusia. “A Ucrania más le vale que se siente rápidamente a la mesa”, fue una de las declaraciones contundentes de Donald Trump en referencia a la necesidad de un acuerdo rápido.
Adicionalmente, el presidente ucraniano ha expresado su rechazo a cualquier plan de paz que implique conceder territorio, particularmente en la región del Dombás, donde Rusia ha extendido su control. En los últimos días, Zelenski ha enfatizado la importancia de una mayor implicación de los aliados europeos –Francia, Alemania y Reino Unido– en el proceso de mediación, que se considera crucial para cualquier avance efectivo.
Las tensiones se reflejaron también en el ámbito económico; los bonos estatales ucranianos sufrieron caídas después de que se informara sobre el estancamiento de las negociaciones. Por otro lado, las agencias rusas de noticias informaron que las discusiones habían sido “muy tensas”, lo que añade una capa adicional de incertidumbre a un conflicto que ya ha dejado un saldo devastador de vidas perdidas y millones de desplazados.
Mientras el cuarto aniversario de la invasión rusa se aproxima, donde centenares de miles de vidas se han visto afectadas, el futuro de las negociaciones de paz parece incierto, y la comunidad internacional observa con preocupación cómo evoluciona esta crisis.
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