El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, ha dejado huella en su reciente coloquio en el Galileo Galilei de Madrid al abogar por una mayor unidad entre las formaciones de izquierda ante las próximas elecciones. En un encuentro cargado de reflexiones provocativas, Rufián compartió anécdotas acerca de su interacción con figuras políticas como Vito Quiles y Bertrand Ndongo, destacando la tensión que se vive en los alrededores del Congreso de los Diputados.
“Les tengo tres o cuatro días a la semana encima”, comentó, revelando la frecuencia con la que se enfrenta a estas personalidades. Rufián argumenta que muchos optan por esconderse al salir del Parlamento, pero él ha decidido adoptar una postura contraria: “Porque mucha gente lo que hace es pasar por el túnel, con toda la razón del mundo”. La decisión de no esconderse puede verse como un intento de desafiar la normalidad de las dinámicas políticas actuales, donde las confrontaciones son comunes.
Durante su exposición, Rufián planteó la incomodidad que sienten algunas personas progresistas al interactuar con figuras de la oposición. Recordó cómo un “chaval guapo” que hace preguntas difíciles era maltratado, y reflexionó sobre la falta de comprensión respecto a la complejidad de las interacciones políticas.
En un giro más personal, Rufián compartió una experiencia en la que estuvo perseguido por Ndongo durante 20 minutos en Madrid, quien, afable pero insistente, le preguntaba acerca de sus hijos y le daba golpecitos con el codo. A pesar de las tensiones, el portavoz subrayó que ceder a la provocación no siempre es la respuesta adecuada: “Si hago lo que esperan que haga, me van a aplaudir cuatro en Twitter”.
El diputado también recordó cómo los amigos de su infancia, siendo progresistas pero poco informados sobre la política actual, podrían cuestionar sus acciones. Para Rufián, es fundamental considerar un enfoque más estratégico, optando por un tono más relajado en estas interacciones incómodas. Concluyó que “quizá es mejor tener la cabeza fría y trolear este contenido”, sugiriendo que adoptar una actitud más ingeniosa y menos confrontacional puede ser más eficaz.
La afirmación de Rufián acerca de preferir un tono humorístico en estas interacciones puede resonar en muchos círculos políticos, dejando entrever la necesidad de replantear cómo se llevan a cabo las conversaciones despiadadas en el panorama actual. Su enfoque puede inspirar a otros a reconsiderar la manera en que se enfrentan a la oposición y las controversias, haciendo un llamado a la unidad en la izquierda y a la creatividad en el discurso político.
Actualización: la información se corresponde con el contexto del 19 de febrero de 2026.
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