El primer día de vista previa de la Venice Biennale 2024 estuvo marcado por una torrencial tormenta que llevó a artistas, curadores, periodistas y marchantes a buscar refugio. Sin embargo, Yuko Mohri, la escultora que representaba a Japón, se mostró inusualmente relajada frente a las inevitables consecuencias que la lluvia podría tener sobre sus instalaciones. Aquella jornada, los elementos naturales parecían integrarse perfectamente en su práctica artística.
El Pabellón Japonés, ubicado en la célebre Giardini, presentaba un diseño deliberadamente permeable, con dos tragaluces abiertos y una abertura en el suelo. Una de las instalaciones de Mohri, titulada “Moré Moré (Leaky)”, ejemplificaba su enfoque único. Compuesta por una serie de mesas, frutas, altavoces y otros objetos encontrados en tiendas locales, su obra estaba diseñada para permitir que el agua fluyera a través de tuberías de plástico que rodeaban estas piezas. Este curioso montaje no solo era visualmente intrigante, sino que también generaba sonidos a partir de corrientes eléctricas recogidas de frutas que comenzaban a descomponerse.
Mohri, quien comenzó su serie en 2015, había concebido “Moré Moré” como una respuesta a las inundaciones accidentales que había observado en las estaciones de metro de Tokio. Su interés por la fragilidad y el cambio inminente le permitió recibir la tormenta con una actitud despreocupada, confiando en que su obra podría sobrevivir los embates del tiempo. Afortunadamente, a pesar de algunos daños menores, las instalaciones se mantuvieron en pie tras la lluvia.
Un aspecto fundamental de la obra de Mohri es su disposición a colaborar directamente con la naturaleza. Tal y como ella misma explicó, su enfoque desafía las expectativas tradicionales que tienen las instituciones artísticas sobre la conservación y la perpetuación de las piezas. En vez de buscar una presentación inmutable, Mohri se sumerge en un diálogo continuo con factores como la luz y la humedad, creando obras que están sujetas a constantes transformaciones.
Su carrera ha sido marcada por un reconocimiento internacional que se ha consolidado en exposiciones, como la que tuvo lugar en el Pirelli HangarBicocca de Milán, que se trasladará al Centro Botín en Santander el próximo mes. En estas exposiciones, Mohri presenta ensambles de objetos cotidianos que cobran vida en entornos artísticos. Por ejemplo, un piano que se toca solo, en respuesta a las señales de un ordenador que interpreta sonidos del océano, o productos que, a través de cargas eléctricas, iluminan bombillas.
La artista, que actualmente trabaja en instalaciones similares en la galería Tanya Bonakdar en Nueva York, ha sido galardonada recientemente con el Calder Prize de $50,000. Su obra ha despertado un notable interés entre instituciones que buscan innovar en la forma de presentar el arte contemporáneo. Esta línea de pensamiento ha llevado a Mohri a explorar la intersección entre arte y música, una conexión que ha desarrollado desde su infancia, cuando soñaba con ser musicista. Influenciada por compositores experimentales y artistas del movimiento Fluxus, su enfoque ha evolucionado hacia la creación de esculturas que desafían la dualidad entre estas disciplinas.
Con un interés reciente en la naturaleza cíclica de la existencia, sus obras visualizan conceptos que abordan tanto la interacción humana con los elementos no humanos, como el inevitable proceso de decadencia. A través de su práctica, Mohri no solo investiga la relación entre el ser humano y su entorno, sino que también lleva esta exploración a formas de arte que fluctúan en función del tiempo, el espacio y las condiciones ambientales.
El ciclo de vida de sus instalaciones continúa más allá del cierre de sus exposiciones. Por ejemplo, los frutos desechados de su instalación en Venecia no solo se descomponen en un proceso natural, sino que también son reciclados en tierra fértil que se planta nuevamente en el Giardini, simbolizando estas interconexiones en la creación artística. Así, la obra de Mohri representa no solo una experiencia efímera, sino una parte integral de un ecosistema en constante cambio.
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