En un análisis reciente de Citrini Research, se vislumbra un futuro inquietante donde la inteligencia artificial (IA) agente desata un ciclo de destrucción económica masiva en un periodo de dos años. Con un contexto distópico, la investigación anticipa un aumento del desempleo que alcanzaría el doble de la tasa actual, mientras que el valor total del mercado de valores se desplomaría en más de un tercio.
Este escenario describe un ciclo vicioso donde, a medida que las capacidades de la IA mejoran, las empresas requieren menos trabajadores. Las cesantías en el sector de oficinas aumentan, lo que provoca que los trabajadores desplazados reduzcan su gasto. Esta presión sobre los márgenes obliga a las empresas a invertir aún más en IA, perpetuando así la mejora de sus capacidades. La situación se convierte en una cadena interconectada de apuestas sobre el crecimiento de la productividad en el sector blanco, donde las consecuencias se multiplican sin un freno natural.
Lo que Citrini nos presenta es un nuevo tipo de perspectiva pesimista, no centrada en la desalineación de una IA similar a Skynet, sino en la erosión gradual de nuestra economía. Se examinan las repercusiones de integrar agentes de IA en las operaciones comerciales y lo que ello conlleva cuando el trabajo de contratistas externos es reemplazado por soluciones de IA más asequibles. Esta narrativa es reminiscentemente similar a la predicción del “Fin del SaaS”, pero va más allá al cuestionar cualquier modelo de negocio que busque optimizar transacciones entre empresas.
El informe ha generado un considerable revuelo en línea. No todos están de acuerdo con su contenido; Citrini mismo aclara que más que una predicción, se trata de un escenario plausible. Sin embargo, señalar el momento exacto en que dicha representación deja de ser válida resulta un desafío.
Aunque algunas voces sugieren que las empresas no están preparadas para delegar decisiones de compra a agentes de IA, es importante considerar que en el escenario presentado, muchas decisiones ya han sido confiadas a contratistas externos. Esto hace que la premisa sea más factible de lo que podría parecer a primera vista.
La inquietud generada por este informe invita a una reflexión sobre el futuro de la economía en la era de la inteligencia artificial, dejando entrever que los cambios radicales en el enfoque laboral y empresarial pueden estar más cerca de lo que imaginamos. La integración de estas tecnologías avanza de manera acelerada, y su impacto podría transformarse en un asunto crítico en los próximos años.
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