La reciente muerte del narcotraficante Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, ha capturado la atención de la opinión pública, especialmente cuando se considera que ocurrió solo dos días después de que la Corte Suprema de Estados Unidos limitara los poderes del presidente Donald Trump para imponer aranceles. Este contexto es crucial en el proceso de renegociación del T-MEC, un acuerdo comercial que México y Estados Unidos están en pleno proceso de evaluar este año.
La resolución judicial del 20 de febrero aún no permite vislumbrar con claridad el impacto que tendrá en la relación comercial bilateral. El freno a los aranceles por parte de la Corte podría abrir nuevas vías para esfuerzos de presión sobre México, complicando la situación en temas de comercio y economía.
En términos de narcotráfico, la colaboración de México con Estados Unidos fue decisiva para llevar a cabo la operación que culminó con la captura de “El Mencho”. Aunque desde la Casa Blanca se destacó esta colaboración como asistencia en inteligencia, el hecho de que se haya neutralizado a uno de los narcotraficantes más poderosos del país no es un asunto menor. Las reacciones de bienvenida desde el gobierno estadounidense, con felicitaciones de la vocera Karoline Leavitt y el embajador Ronald Johnson, subrayaron la importancia de esta victoria.
Sin embargo, debemos considerar que mientras el “buen policía” en este escenario es Estados Unidos, el “mal policía”, representado por Trump, lanza exigencias más severas hacia el gobierno mexicano para redoblar sus esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico. Con la narrativa de los aranceles en crisis, el mandatario estadounidense se apoya en la seguridad como nuevo punto de presión en las negociaciones comerciales.
El panorama ha cambiado notablemente en México. La administración de López Obrador ha modificado su postura hacia los grupos del crimen organizado, abandonando la filosofía de “abrazos y no balazos”. Este cambio en la estrategia indica que el país se encuentra nuevamente en una guerra frontal contra el crimen, reminiscente a los desafíos enfrentados durante el mandato de Felipe Calderón.
Claudia Sheinbaum, presidenta del gobierno de la Ciudad de México, ha alineado a su equipo, destacando a Omar García Harfuch como un aliado confiable en la lucha contra el crimen. Este enfoque proactivo podría jugar un papel esencial en las futuras negociaciones del T-MEC. La diferencia con los años de Calderón radica en el contexto actual, donde el pasado de figuras como Genaro García Luna, ahora condenado por delincuencia organizada, sigue siendo un tema sensible y complejo.
García Harfuch, con su efectividad en operaciones como la reciente acción contra el Cártel Jalisco Nueva Generación, se convierte en un activo valioso para Sheinbaum en las conversaciones con Estados Unidos. Sin embargo, es imperativo que aproveche esta victoria rápidamente. De lo contrario, la eventual fragmentación de dicho cártel podría encender tensiones que Trump podría utilizar como argumento en su relación con México.
En suma, la situación presenta una dualidad: la colaboración que ha dado frutos en la lucha contra el narcotráfico y las presiones económicas que se alzan en el horizonte. La habilidad del gobierno mexicano para navegar estos desafíos definirá el rumbo de las relaciones bilaterales y el futuro del T-MEC en los meses venideros.
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