Cada vez que el régimen cubano ha enfrentado crisis, ha buscado un nuevo modo de sobrevivir. Tras la fallida invasión de Bahía de Cochinos en los años sesenta, el castrismo se alineó firmemente con la Unión Soviética. Sin embargo, la caída del bloque soviético en los noventa dejó a Cuba en un vacío, hasta que Venezuela y los gobiernos bolivarianos se convirtieron en su nuevo salvavidas. Este período estuvo marcado por la apertura económica, donde se despenalizó el dólar y surgieron pequeños negocios privados, todo con el fin de mantener el control.
Durante esa década, el Gobierno cubano envió comisiones a China y Vietnam para evaluar las reformas que estos regímenes comunistas implementaron para abrir sus economías. A pesar de que se estudió la experiencia del PRI mexicano, que logró permanecer en el poder por décadas, la respuesta de Fidel Castro fue cautelosa. A principios del nuevo milenio, cerró las puertas a estas reformas y creó un Gobierno paralelo para asegurar que los ministros no se desviaran de la línea oficial.
El economista cubano Mauricio de Miranda señala que, aunque oficialmente no continuaron con esos estudios, la academia tomó el relevo. En los años 2000, se reanudaron los análisis sobre modelos de apertura, investigando sistemas económicos en países como China y Vietnam. En ambos casos, la agricultura fue una de las primeras áreas en abrirse al mercado a través de arriendos privados de tierras, algo que en Cuba se ha hecho de una manera más restrictiva.
Las reformas chinas de 1978, bajo Deng Xiaoping, fueron el precedente que llevó a una transformación significativa en su economía, pasando de una situación de pobreza extrema a convertirse en la segunda potencia mundial. Vietnam, tras sus reformas Doi moi, experimentó un crecimiento sostenido y una significativa reducción de la pobreza. Estos ejemplos sirvieron para ilustrar que el control estatal podía coexistir con la apertura económica.
En Cuba, las condiciones son diferentes. Actualmente, alrededor del 95% de las necesidades alimentarias deben importarse, y tanto la producción agrícola como la industrial están en niveles críticos. A pesar de que se han hecho algunos movimientos hacia la inversión privada, estos suelen surgir solo por necesidad extrema. Recientemente, se permitió que pequeñas empresas importaran petróleo y que se abrirán hospitales de día o residencias de ancianos de carácter privado, un cambio importante en el contexto económico.
El exilio cubano también ha sido analizado en este contexto de apertura. Mientras que en Vietnam y China se incentivó el retorno de sus diásporas a través de la inversión y beneficios políticos, en Cuba hay sectores que rechazan cualquier gesto hacia el régimen. Sin embargo, muchos en la diáspora cubana están dispuestos a invertir, lo que podría ser clave para la economía.
A lo largo de la historia reciente, incluso en tiempos de deshielo, hubo intentos de inversión en sectores clave como la industria azucarera. Las tensiones políticas y económicas continúan afectando la situación. En este complicado escenario, el camino hacia una apertura genuina en Cuba es incierto, pero está claro que la necesidad económica podría forzar cambios significativos en el futuro.
Actualización: Los datos y el contexto reflejados aquí corresponden a la información de febrero de 2026.
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