En el penal de Barrientos, Tlanepantla, las mujeres están preparando con esmero carteles que llevarán a la marcha del 8 de marzo. Con plumones claros y pinceles, están listas para plasmar un mensaje de lucha y esperanza. Frases como “No más carpetas armadas” y “Abusan de nosotras, nos desaparecen” resonarán en las calles, aunque ellas no puedan estar presentes. “Es la única fecha en la que se nos escucha”, comparte Emma, una de las internas, mientras deja su huella de pintura en un cartel que representa su anhelo de ser escuchadas.
A febrero de 2026, se estima que hay 16,172 mujeres en prisión en México, lo que representa solo el 6.2% de la población penitenciaria total. En Barrientos, donde viven 500 mujeres en condiciones de hacinamiento, muchas ni siquiera han sido sentenciadas. Este contexto resalta la lucha de mujeres como María Eugenia Bustamante, quien lleva cuatro años en prisión sin condena, y que busca a su hija desaparecida. Su cartón para el 8M, que dice “Te seguimos buscando, Jessica”, es un reflejo de su inquebrantable deseo de encontrarla.
El director de la organización La Cana, que ofrece apoyo a estas mujeres, pregunta al grupo sobre la conmemoración del 8M. Las respuestas son variadas, desde recordatorios de los feminicidios hasta un reconocimiento de la lucha histórica de las mujeres. En esta prisión, que alberga a 5,800 personas a pesar de estar diseñada para 1,500, cada historia personal se entrelaza con la violencia estructural y el estigma que enfrentan muchas de estas mujeres.
El relato de Karina Mateos, indígena otomí, es emblemático: condenada por un crimen que no cometió, ha sufrido discriminación a lo largo de su vida. Su lucha no es solo por su libertad, sino también por la justicia y la equidad en un sistema que muchas veces las margina. En cada rincón del penal, las mujeres expresan su deseo de un cambio; “No más sentencias injustas”, claman Daniela y Karla, poniendo énfasis en su necesidad de segundas oportunidades.
El Centro Zeferino Ladrillero reporta que la situación de las mujeres en prisión en el Estado de México es alarmante; muchas están ahí por pruebas fabricadas o tortura. A pesar de ello, su resiliencia brilla. Mujeres como Cynthia Bazán, quien fue absuelta después de haber estado presa injustamente, testimonian cómo esa experiencia las ha marcado para siempre.
Mientras se acerca el 8 de marzo, la emoción se apodera del grupo. Para ellas, este día simboliza el valor de la mujer y la reivindicación de su lucha. “Las mujeres somos valiosas”, afirma Ayleen, mientras Rosalva Pérez destaca la importancia de su papel en la economía del país.
A través de sus voces, los mensajes que enviarán al mundo exterior son claros: requieren justicia, igualdad y una vida digna. “Más justicia para las mujeres”, es el clamor que resuena, recordándonos que, incluso tras las rejas, estas mujeres se niegan a ser olvidadas y continúan luchando por un futuro mejor.
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