La naviera china Cosco ha dado un paso significativo al anunciar la suspensión de sus operaciones en el puerto de Balboa, ubicado en el Pacífico panameño. Esta decisión sigue a la anulación del contrato de concesión de la compañía hongkonesa CK Hutchison Holdings, que había operado dichas terminales en Panamá desde 1997. La revocación, ejecutada por las autoridades panameñas el 23 de febrero de 2026, también afectó al puerto de Cristóbal, en el Atlántico.
Este cambio en la gestión portuaria ha suscitado tensiones diplomáticas, ya que China ha advertido a Panamá sobre las consecuencias económicas que podrían derivarse de la salida de Panama Ports Company (PPC) de estas importantes rutas comerciales. La importancia del canal de Panamá es innegable, ya que alrededor del 5% del comercio marítimo mundial transita por sus aguas.
A través de una comunicación dirigida a sus clientes, Cosco anunció que cesa sus operaciones de transporte de carga en el puerto de Balboa, sugiriendo la necesidad de ajustes logísticos para evitar retrasos. Aunque se desconoce si esta medida será permanente, la naviera enfatizó que no habrá arribo ni salida de buques en este puerto.
Tras la revocación del contrato de Hutchison, Balboa ha sido operado por APM Terminals, una subsidiaria de la gigante danesa Maersk, mientras que Cristóbal está bajo la gestión de Terminal Investment Limited (TiL), parte del grupo italo-suizo MSC, mediante contratos que tienen un plazo de 18 meses. Sin embargo, ambos puertos continúan utilizando la infraestructura previamente gestionada por Hutchison.
El movimiento de contenedores por los puertos panameños alcanzó casi 10 millones en 2025, con un 38% de este tráfico vinculándose a las operaciones de Hutchison. El resto del volumen se distribuyó entre otros tres puertos de capital privado de Estados Unidos, Taiwán y Singapur.
Una fuente consultada comentó que la decisión de Cosco podría interpretarse como una protesta simbólica ante la revocación del contrato de PPC y la ocupación de los puertos, acciones que tanto China como Hutchison consideran ilegales.
En un contexto más amplio, la anulación de la concesión se produce en medio de las tensiones geopolíticas, con menciones del presidente de Estados Unidos sobre la necesidad de retomar el control del canal —una estructura que estuvo bajo administración estadounidense hasta 1999— argumentando su dominio por Pekín.
La situación actual es un recordatorio de las complejidades que rodean la gestión de las rutas comerciales globales y el papel crucial que desempeñan las decisiones políticas en este ámbito.
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