Ayer, en el undécimo día de la guerra en Irán, los mercados globales ofrecieron una reveladora instantánea sobre la vulnerabilidad de México frente a la volatilidad geopolítica internacional. Los datos muestran claros vínculos que conectan al país, sin mucho margen de maniobra, con eventos que suceden a miles de kilómetros de distancia.
Los precios del petróleo experimentaron fluctuaciones intensas que no se habían visto en años. El Brent y el West Texas Intermediate (WTI), que el domingo alcanzaron los 120 dólares por barril, retrocedieron ayer a cerca de 91 y 86 dólares respectivamente. Este rebote fue impulsado por la declaración de Trump el lunes, cuando afirmó que el conflicto concluiría “muy pronto”; los mercados, por ahora, le creyeron. Para México, esta dinámica tiene diversas implicaciones.
La caída de los precios alivia dos frentes: primero, el fiscal, ya que permite al gobierno cobrar más IEPS sin incrementar el precio de la gasolina para el consumidor; segundo, el logístico, pues el abaratamiento de gasolina y diésel disminuye los costos de transporte. Sin embargo, el alivio es solo parcial, ya que el país importa el 60% de la gasolina que consume. La exportación de apenas 294,400 barriles diarios —en niveles históricamente bajos— no es suficiente para cubrir los altos costos de las importaciones de gasolina, diésel y gas. México gasta 3.32 dólares en importar energía por cada 1.11 que recibe al vender su petróleo; su margen es limitado.
En el frente del tipo de cambio, la situación fue similar. El peso llegó a superar los 18 pesos por dólar durante los momentos más tensos del conflicto, y cerró ayer en 17.59 en el mercado interbancario. Tres días de intensa volatilidad se contuvieron con una sola declaración de Trump.
En cuanto al gas natural, el Henry Hub —punto de referencia de precios en Norteamérica— registró ayer un precio de 2.92 dólares por MMBTU. A pesar de que el precio del gas estadounidense se mantiene relativamente estable, esto es una buena noticia para México, cuya dependencia es de Texas y no del Golfo Pérsico. La mala noticia, no obstante, es que el país importa cerca del 75% del gas que utiliza para generar electricidad y para la industria. Si los gasoductos texanos fallaran por cualquier motivo —técnico, climático o estratégico— no habría un plan B.
La semana pasada, los precios de los fertilizantes aumentaron un 25% en los mercados globales. Arabia Saudita, Qatar e Irán producen tres de cada diez toneladas de urea en el mundo, materia prima esencial para los fertilizantes. Este aumento en los costos seguramente impactará al campo mexicano y, por ende, a los consumidores.
Los acontecimientos actuales en los mercados subrayan los retos de política pública que México debe enfrentar: diversificar sus fuentes de energía, aumentar la producción doméstica de alimentos y reducir la exposición del peso a choques externos. Estos objetivos son cruciales para determinar, más allá del precio de cualquier barril de petróleo, el verdadero margen de maniobra del país ante la volatilidad global.
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