El 11 de marzo de 2026, Chile vivió un momento histórico con la asunción presidencial de José Antonio Kast, un abogado ultraconservador que se ha convertido en el mandatario de derecha más radical desde la dictadura de Augusto Pinochet. En una ceremonia solemne en el Congreso de Valparaíso, Kast juró el cargo, relevando al izquierdista Gabriel Boric, quien había gobernado los últimos cuatro años.
Kast, de 60 años, asumió la presidencia con la promesa de instaurar un “gobierno de emergencia” que aborde de forma contundente los problemas de delincuencia e inmigración irregular, dos de las preocupaciones principales de los chilenos. “Las cosas van a cambiar”, afirmó en sus primeras declaraciones tras ser investido, al condenar un reciente ataque a un policía en el sur del país.
La ceremonia fue recibida con vítores de sus seguidores y un Congreso donde su partido cuenta con mayoría. Al finalizar, el ambiente se llenó de gritos de “¡Viva Chile!”, lo que refleja el apoyo popular a su candidatura. Su primer acto como presidente fue la toma de juramento de los 24 miembros de su gabinete, compuesto en parte por abogados que fueron parte del régimen de Pinochet, un hecho que marca la continuidad de un enfoque conservador en la política chilena.
La llegada de Kast se enmarca en un contexto donde muchos chilenos han abandonado la esperanza de una nueva Constitución, tras los intentos fallidos originados del estallido social de 2019. El expresidente Boric, quien asistió al traspaso de poder, había sido uno de los principales impulsores de esa reforma. Por su parte, Kast representa un nuevo rostro conservador que resuena con aquellos que buscan frenar la creciente delincuencia en el país.
Prueba de esto es la opinión de ciudadanos como José Miguel Uriona, un vendedor de 65 años, quien expresó su optimismo sobre el futuro bajo el nuevo gobierno. “Llevamos muchos años con mucho vandalismo y mucha delincuencia”, dijo Uriona. Ingrid Pino, una estudiante de 38 años, ve en la llegada de Kast un “nuevo comienzo” para Chile, esperando que se logre una mejoría económica y una disminución en los niveles de delincuencia.
A pesar de que Chile sigue siendo uno de los países más seguros de la región, con una tasa de homicidios de 5.4 por cada 100,000 habitantes en 2025, Kast ha pintado un cuadro alarmante de la situación, describiendo al país como un Estado fallido dominado por el crimen organizado. Su ascenso se suma a una tendencia en América Latina hacia gobiernos de derecha, apoyados por Estados Unidos.
Sin embargo, los desafíos no son menores. Los problemas estructurales que enfrenta Chile requieren soluciones a largo plazo. Analistas advierten que Kast deberá gestionar con cautela las altas expectativas que su gobierno ha generado. La nueva portavoz del gobierno, Mara Sedini, ha indicado que la administración se centrará en resolver crisis prioritarias, como la seguridad migratoria y la recuperación económica.
El nuevo gabinete, compuesto en gran parte por personas con escasa experiencia en negociación política, podría enfrentar dificultades en su relación con el Congreso. En un ambiente donde las tensiones políticas son palpables, Kast también notablemente oficializó su renuncia al Partido Republicano de Chile, como un gesto simbólico para marcar un inicio de independencia en su gestión.
Con la mirada del mundo sobre él, José Antonio Kast ha prometido un cambio radical en la manera de gobernar, un acto que podría marcar el rumbo de la política chilena en los próximos años.
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