La tranquilidad inusual que se siente en el Paseo de la Reforma a mediodía contrasta marcadamente con la acostumbrada agitación de esta icónica avenida de la Ciudad de México. Este jueves, 19 de marzo de 2026, el bullicio habitual se ha visto reemplazado por una calma desconcertante; las calles están desiertas, y los bicitaxis se han convertido en el medio de transporte más utilizado, mientras que decenas de automóviles y autobuses han quedado atrapados en las interminables filas del tráfico.
Los bloqueos, llevados a cabo por la CNTE, han interrumpido las actividades cotidianas de comerciantes y habitantes de la zona. Yasmani Olmos, un joven dueño de una papelería cerca del Monumento a la Madre, describe cómo la congestión ha duplicado su tiempo de traslado: “Normalmente hago una hora y diez, pero ahora me toma casi dos”. Este caos no solo afecta a los viajeros, sino que también impacta negativamente en los negocios locales. “La gente viene muy estresada y, a veces, se desquitan con nosotros”, añade.
Los testimonios de quienes intentan moverse por la ciudad revelan un descontento generalizado. Yolanda Juárez, empleada de construcción de 46 años, manifiesta su frustración al llegar tarde al trabajo. “Esto debería hacerse en otro horario. Muchos trabajamos y nos regresan”, comenta. Mientras tanto, los automovilistas varados en calles adyacentes expresan su exasperación. “Mira qué desmadre están haciendo estos cabrones”, grita un peatón.
En contraste, los maestros que mantienen el bloqueo parecen ajenos al desasosiego a su alrededor. Sentados en sillas plegables, algunos se distraen con sus teléfonos, mientras otros juegan al fútbol. Sus gritos de protesta resuenan en medio de la desesperación general mientras continúan exigiendo la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007 y la reforma educativa.
Andrea Carelli, de 25 años y usuaria de motocicleta, comparte su frustración al tardar casi dos horas en un trayecto que normalmente solo lleva 25 minutos. “Ya estoy harta. Van dos veces que no puedo llegar a donde quiero por estas tonterías”, denuncia. La situación se vuelve aún más complicada cuando los ciclistas también se encuentran amenazados por los manifestantes que obstaculizan el tráfico.
Los restaurantes en la zona presentan un panorama desolador. Lo que suele ser un horario pico para el comercio ahora se traduce en mesas vacías y clientes ausentes. Marcos Gómez, trabajador de un restaurante coreano, advierte que los bloqueos afectan drásticamente su negocio. Sin embargo, algunos —como los conductores de ciclotaxis— logran beneficiarse de la situación, ya que el flujo de trabajo ha aumentado.
Mientras el caos persiste, la segunda jornada de un paro nacional de 72 horas avanza, con la comunidad todavía pendiente del desenlace de estas movilizaciones. La tensión entre los manifestantes y la ciudadanía continúa palpable, reflejando un conflicto que parece no tener solución a la vista.
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