VIVENCIAS CIUDADANAS – RETOS PARA QUIENES QUIEREN A CUERNAVACA

Por Teodoro Lavín León

Sin lugar a dudas, la segu­ri­dad es el reto más impor­tante que tiene el que será el pro­ximo Pre­si­dente Muni­ci­pal de nues­tra ciu­dad.

La per­cep­ción del 90 % de los ciu­da­da­nos es que se sien­ten inse­gu­ros, y lograr que la ciu­dad regrese a la paz y la tran­qui­li­dad es algo que no va a ser fácil; el reto es per­ma­nente, pues exis­ten colo­nias y zonas de Cuer­na­vaca que ya están en manos de la delin­cuen­cia.

Otros de los retos pri­mor­dia­les será el que cam­bie­mos el cali­fi­ca­tivo bur­lón de Cuer­na­va­ches, More­lo­yos, ciu­dad de la eterna brin­ca­dera, ya que nos molesta a los cuer­na­va­cen­ses, y sin duda el repa­vi­men­tar esta ciu­dad es un reto grande, por­que se nece­sita hacer de una manera muy pro­fe­sio­nal, para que des­pués de las llu­vias no vuelva a que­dar igual que antes. Otro gran reto es el agua en la ciu­dad, que nece­sita obra de recos­truc­cion de las redes de manera urgente, para evi­tar casi el 50% o más que se pierde por la mala con­di­ción de los vie­jos tubos por los que se pierde la mitad del vital líquido; hay que moder­ni­zar el fun­cio­na­miento de SAPAC y luchar con los dos sin­di­ca­tos exis­ten­tes.

Otro de los gran­des cán­ce­res de nues­tra ciu­dad es el cre­ci­miento del comer­cio ambu­lante en el cen­tro de Cuer­na­vaca, que vuelve a colo­carse en el cen­tro del debate público. No es un fenó­meno nuevo, pero sí uno que se ha inten­si­fi­cado en los últi­mos meses, gene­rando ten­sio­nes entre auto­ri­da­des, comer­cian­tes esta­ble­ci­dos y ciu­da­da­nos. En medio de esta dis­cu­sión, el lla­mado “cate­na­rio” —la red de cables que atra­viesa calles del pri­mer cua­dro— ha sido uti­li­zado como argu­mento por algu­nos sec­to­res para jus­ti­fi­car la per­ma­nen­cia y expan­sión de los ven­de­do­res infor­ma­les.

El ambu­lan­taje, hay que decirlo con cla­ri­dad, es reflejo de una rea­li­dad eco­nó­mica com­pleja y, desde luego, de lide­raz­gos de CATEM que pre­sio­nan a los gobier­nos sin impor­tar­les la ciu­dad.

El pro­blema es de fondo y resul­tado de la cri­sis eco­nó­mica en la que vivi­mos, ya que muchas fami­lias encuen­tran en la vía pública su única fuente de ingre­sos ante la falta de opor­tu­ni­da­des for­ma­les. Sin embargo, el cre­ci­miento desor­de­nado no puede verse úni­ca­mente desde la óptica social, tam­bién implica retos serios en mate­ria de movi­li­dad, segu­ri­dad, ima­gen urbana y com­pe­ten­cia eco­nó­mica. En este con­texto, algu­nos líde­res del comer­cio infor­mal han comen­zado a defen­der la ocu­pa­ción del espa­cio público, bajo el argu­mento de que el “cate­na­rio” —ins­ta­lado ori­gi­nal­mente para mejo­rar la ima­gen urbana reti­rando cableado visi­ble—, no ha cum­plido su fun­ción o incluso ha gene­rado con­di­cio­nes que per­mi­ten la colo­ca­ción de estruc­tu­ras pro­vi­sio­na­les, lonas y pues­tos. Es decir, lo que nació como una solu­ción esté­tica y de orde­na­miento hoy es uti­li­zado como jus­ti­fi­ca­ción para lo con­tra­rio.

Pero este argu­mento resulta incom­pleto, en el mejor de los casos. El pro­blema no es el “cate­na­rio” en sí, sino la falta de regu­la­ción efec­tiva del espa­cio público. Cul­par a la infraes­truc­tura es des­viar la aten­ción del ver­da­dero tema de fondo, que es la ausen­cia de una polí­tica clara, firme y sos­te­nida para orde­nar el comer­cio en la vía pública.

Los comer­cian­tes esta­ble­ci­dos, por su parte, han levan­tado la voz. Seña­lan —no sin razón— que enfren­tan una com­pe­ten­cia desi­gual. Pagan impues­tos, ser­vi­cios, ren­tas y cum­plen con regu­la­cio­nes que el ambu­lan­taje muchas veces evade. La pro­li­fe­ra­ción de pues­tos frente a sus nego­cios no sólo afecta sus ven­tas, sino tam­bién la per­cep­ción de orden y segu­ri­dad en la zona.

Por otro lado, los ciu­da­da­nos viven las con­se­cuen­cias todos los días con ban­que­tas inva­di­das, calles satu­ra­das y difi­cul­ta­des para tran­si­tar libre­mente. El espa­cio público, que debe­ría ser de todos, ter­mina siendo apro­piado por gru­pos espe­cí­fi­cos sin una regu­la­ción clara.

El pró­ximo gobierno muni­ci­pal se encon­trará en una posi­ción deli­cada. Cual­quier intento de reor­de­na­miento enfrenta resis­ten­cia social y cos­tos polí­ti­cos. Pero la inac­ción tam­bién tiene con­se­cuen­cias, pues el cre­ci­miento des­con­tro­lado del ambu­lan­taje puede vol­verse irre­ver­si­ble si no se atiende a tiempo.

Aquí es donde el debate debe ele­varse. No se trata de cri­mi­na­li­zar a quie­nes ven­den en la calle, pero tam­poco de nor­ma­li­zar el desor­den. Se requiere una estra­te­gia inte­gral que con­tem­ple alter­na­ti­vas rea­les: reu­bi­ca­ción en espa­cios dig­nos, pro­gra­mas de for­ma­li­za­ción y reglas cla­ras que se apli­quen sin excep­cio­nes.

El uso del “cate­na­rio” como argu­mento es, en rea­li­dad, un sín­toma más pro­fundo de la falta de auto­ri­dad en la ges­tión del espa­cio público. Mien­tras no exista una visión clara y una volun­tad polí­tica firme, cual­quier infraes­truc­tura —por moderna o bien inten­cio­nada que sea— puede ter­mi­nar siendo reba­sada por la rea­li­dad.

Cuer­na­vaca nece­sita recu­pe­rar el equi­li­brio. Un cen­tro his­tó­rico orde­nado no es sólo una cues­tión esté­tica, sino una con­di­ción para el desa­rro­llo eco­nó­mico, la con­vi­ven­cia social y la cali­dad de vida. El reto no es menor, pero tam­poco es impo­si­ble enfren­tarlo. El pró­ximo gobierno tam­bién enfren­tará a una can­ti­dad de sin­di­ca­tos en el Ayun­ta­miento que no son fáci­les de aten­der y satis­fa­cer.

Por ello, la pre­gunta de fondo es si quie­nes quie­ren ser las pró­xi­mas auto­ri­da­des están dis­pues­tas a asu­mir el costo de poner orden… o si per­mi­ti­rán que el cre­ci­miento del ambu­lan­taje siga mar­cando la pauta.

Cuer­na­vaca nece­sita com­pro­miso real y serio para que poda­mos salir ade­lante. ¿No cree usted?

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