En mayo de 1968, las calles de París se convirtieron en un escenario de revolución cuando estudiantes y trabajadores exigieron un mundo diferente, un sueño que resonaba con su lema: “Sé realista, demanda lo imposible.” Este espíritu de insubordinación y búsqueda de un futuro más equitativo resurgen en un rincón de Portugal, concretamente en Braga, donde el nuevo Muzeu—Thought and Contemporary Art DST abrirá sus puertas el próximo mes. Este museo alberga una de las colecciones artísticas privadas más significativas del país, perteneciente al Grupo DST.
Dirigido por Helena Mendes Pereira, el museo no se limita a exhibir más de 1,500 obras de artistas prominentes como Alex Katz y Nan Goldin. Su ambición es transformarse en un foro cívico para el debate cultural, filosófico y político. La emocionante transformación de un antiguo palacio de justicia, obra del arquitecto José Manuel Carvalho Araújo, permite que el espacio se despliegue en cuatro plantas, culminando en un auditorio que acogerá una variada programación de eventos en vivo.
El enfoque inaugural del museo, titulado “Seamos realistas, reclamemos lo imposible,” se reconoce como una declaración política. El 24 de abril, la apertura será exclusiva para los trabajadores de la compañía, y al día siguiente, coincidiendo con el Día de la Libertad, estará abierto al público general, ofreciendo entrada gratuita durante la primera semana. Sin embargo, el 1 de mayo, en una clara señal de apoyo a la clase trabajadora, el museo cerrará sus puertas para conmemorar el Día Internacional de los Trabajadores.
El Grupo DST, con raíces en la década de 1940, se ha diferenciado de otros conglomerados industriales por su compromiso constante con la inversión cultural. Fundado durante el régimen opresivo del Estado Novo, el grupo, bajo el liderazgo de su actual presidente José Teixeira, ha priorizado la cultura como una herramienta para mejorar la vida de sus empleados. A lo largo de los años, el grupo ha ampliado sus operaciones en construcción, telecomunicaciones y energía renovable, sin olvidar su dedicación a iniciativas culturales como bienales y premios literarios.
Pereira enfatiza que estas actividades no son solo acciones filantrópicas, sino una estrategia humanista de gestión de recursos humanos. La colección es para todos los empleados, quienes podrán disfrutar de obras exhibidas en sus lugares de trabajo, y tendrán la oportunidad de recibir formación para ser guías de exhibiciones. “El museo no es un espacio para la élite. Cualquier trabajador puede participar; creemos firmemente que todos merecen una buena vida”, afirma Pereira.
Además, la estructura del museo se presenta con un diseño industrial que refleja la historia de sus trabajadores, quienes han participado en su construcción. Este espacio, de 3,000 metros cuadrados, está destinado a contener obras rotativas de la colección, junto con una sala dedicada al artista Anselm Kiefer, mientras que el auditorio acogerá talleres y eventos comunitarios.
Teixeira es consciente de su posición política y ha hecho de la museografía un medio para fomentar el diálogo y la crítica social. “Vivimos en tiempos extraños. Nuestro objetivo es claro: informar y fomentar la discusión con la comunidad para crear un mejor entorno democrático,” concluye Pereira.
El Muzeu no solo celebra el arte en sí mismo, sino que se erige como un testimonio del compromiso del Grupo DST con la mejora continua de la vida de sus trabajadores y la comunidad. Esta visión es un compendio de la historia reciente de Portugal y un espejo de las luchas y aspiraciones que siguen presentes en la sociedad contemporánea.
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