El pasado lunes, en la Ciudad de México, el representante comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, dejó claro su mensaje: los aranceles impuestos por la administración de Trump han llegado para quedarse. Durante su encuentro con la presidenta Claudia Sheinbaum y el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, así como con líderes de las industrias automotriz y siderúrgica, Greer reafirmó que estas barreras comerciales no desaparecerán. Según una fuente presente en las reuniones, su declaración fue contundente: “A Trump le gustan los aranceles. Nunca volveremos a un mundo sin ellos”. Esta afirmación se replicó días después en una audiencia ante el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes en Washington, marcando un cambio significativo en el panorama del comercio en América del Norte.
La respuesta de Ebrard no se hizo esperar. Con una frase que refleja un cambio de postura que hace un año hubiera sido impensable, comentó: “No hay que estar en la nostalgia de cuando no había ningún arancel”. Aceptó la realidad de que es “muy difícil pensar que van a desaparecer” los aranceles sobre vehículos automotrices, acero y aluminio, y reconoció que el objetivo de México ahora es minimizar dichos aranceles en lugar de eliminarlos por completo.
Esta evolución en la política económica es notable. Durante 2024 y buena parte de 2025, Ebrard consideraba los aranceles como una “flagrante violación” al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), argumentando que carecían de sentido comercial y que su imposición representaba un autogolpe para Estados Unidos. Sin embargo, ese discurso parece haberse desvanecido, dejando una pregunta en el aire: ¿se había dado cuenta Ebrard de esta situación desde el inicio? Como exsecretario de Relaciones Exteriores, él tuvo un papel crucial en la negociación del T-MEC y conoce bien la mentalidad de Trump. Su anterior optimismo podría sugerir una estrategia calculada para no ceder terreno antes de tiempo, o bien, una subestimación de la rigidez ideológica del exmandatario estadounidense.
Las implicaciones de esta nueva postura son profundas. México ahora se encuentra en una posición defensiva en sectores clave que representan una parte considerable de sus exportaciones. La industria automotriz, en particular, enfrenta costos adicionales, ya que las reglas de origen requieren una reestructuración de cadenas de suministro que durante décadas estuvieron optimizadas. Además, los consumidores son los que absorben en silencio los precios más altos.
El argumento mexicano destaca su rol como aliado estratégico para reducir la dependencia de Estados Unidos de Asia; sin embargo, el hecho de ser un aliado necesario no equivale a serlo en igualdad de condiciones. La urgencia de México en la negociación establece una asimetría que influye en los márgenes de lo negociable.
Las negociaciones formales comenzarán la semana del 25 de mayo en la Ciudad de México. Lo que se discusión no será un retorno al libre comercio que México conoció durante tres décadas, sino el mejor acuerdo posible dentro de un nuevo marco que ya ha cambiado. Si Ebrard ya estaba consciente de estas realidades, su nostalgia por tiempos pasados podría considerarse fingida; si no lo sabía, las circunstancias han dejado claro que la situación del comercio en Norteamérica ha cambiado drásticamente.
Actualización: Esta información corresponde a datos de abril de 2026.
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