En un radiante día de primavera en París, la escultura de un ciervo, desbordante de simbolismo, se erige en la distancia. Este ciervo, en lugar de ser un ser vivo, es una obra de concreto del artista ucraniano Zhanna Kadyrova, quien ha captado la atención mundial. Con su estilo que recuerda al origami, el ciervo destaca entre los árboles en el 7.º arrondissement mientras es transportado hacia la sede de la UNESCO, donde permanecerá temporalmente antes de dirigirse a la Bienal de Arte de Venecia 2026. Esta pieza es la más prominente del pabellón nacional de Ucrania.
La historia de esta escultura es un reflejo de la resiliencia en medio de la adversidad. Encargada en 2018 para revitalizar un parque en Pokrovsk, Kadyrova creó el ciervo para sustituir un símbolo militar en la ciudad desgarrada por la guerra. Su deseo era que esta obra resonara con los habitantes locales, convirtiéndose eventualmente en un ícono del lugar. Sin embargo, la llegada de la invasión rusa en 2022 añadió nuevas capas de significado a su creación.
En 2024, cuando Pokrovsk quedó atrapada en el fuego cruzado del conflicto, el educador y curador Leonid Marushchak contempló la posibilidad de evacuar al ciervo ante el peligro inminente. A pesar de la oposición inicial de las autoridades, finalmente logró asegurar su transporte, a menudo recurrido a estrategias ingeniosas y a la posibilidad de evacuar otras estatuas de valor cultural.
Un documental capturó este proceso, reflejando los sentimientos de los lugareños que dejaban su hogar. Para muchos, el ciervo simboliza la vida anterior al conflicto, un recordatorio de la belleza que una vez existió. Kateryna Khimei, una de las responsables de la programación pública del evento en Venecia, menciona que la escultura se ha convertido en un símbolo de esperanza y resistencia, donde los exiliados de Pokrovsk suelen tocarla y pedir un deseo, conectando su historia personal con una cultura que ha sido gravemente amenazada.
A medida que el ciervo se adentra en Europa, a través de ciudades históricas como Varsovia y Bruselas, su significado se transforma. La travesía sirve como metáfora de los desplazamientos forzados de los refugiados ucranianos, quienes, al igual que la escultura, buscan encontrar un lugar seguro.
El clima alrededor del evento de la Bienal se enrarece por la reciente reintegración de Rusia en su pabellón nacional, lo que provoca tensiones en la comunidad artística. Los organizadores del pabellón ucraniano buscan que su exposición no se reduzca a un conflicto con Rusia, sino que se enfoque en la brutalidad de la invasión y la resistencia cultural que ha emergido de ella.
En la actualidad, el ciervo se exhibe en París, justo al lado de la bandera de la UNESCO, mientras el conflicto continúa. Este símbolo de esperanza, suspendido entre un pasado de belleza y un futuro incierto, plantea preguntas sobre el arte en tiempos de guerra y la importancia de preservar la memoria cultural. La llegada del ciervo a Venecia, donde se colgará de una grúa, invitará a la reflexión sobre su destino y el de una nación en crisis. En medio de la tragedia, los organizadores planean celebraciones en honor a su llegada, ofreciendo momentos de alegría que contrastan con la adversidad continúo.
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