El pasado 21 de abril de 2026, el Embajador Jameson Greer, representante del Comercio de EE.UU. (USTR), realizó una visita significativa a México, marcando un hito en la agenda bilateral en torno al Tratado México-EE.UU.-Canadá (T-MEC). Aunque el USTR no forma parte del gabinete del presidente de EE.UU., su papel es clave en la economía mexicana y el futuro de las relaciones comerciales entre los dos países.
Durante su estancia, la Secretaría de Economía de México y el USTR enviaron directrices a sus equipos para celebrar importantes conversaciones técnicas enfocadas en diversos temas. Estos incluyeron la seguridad económica, el fortalecimiento de las reglas de origen para productos industriales esenciales, y la colaboración en materias relacionadas con minerales críticos. También se abordaron puntos conflictivos bilaterales que aún permanecen sin resolver.
La agenda se extendió más allá de las conversaciones entre dependencias gubernamentales, con encuentros entre el Secretario Ebrard y el Embajador Greer, así como representantes del sector privado mexicano. Estos diálogos fueron seguidos por reuniones técnicas donde se discutieron las estrategias para convertir los compromisos políticos en acciones concretas y efectivas.
Un punto relevante a destacar es que, pese al contexto de creciente diálogo, persiste la incertidumbre sobre el futuro de los aranceles. Durante la visita, comenzaron a surgir comentarios que sugieren que para EE.UU., la eliminación de aranceles —especialmente en sectores como el acero, aluminio y vehículos— no es necesariamente un objetivo alcanzable. Las políticas arancelarias han sido un tema sensible, especialmente desde el retorno de Trump a la Casa Blanca, quien ha demostrado resistencia a renunciar al proteccionismo.
El contexto actual resalta una narrativa preocupante: EE.UU. parece no distinguir entre un competidor estratégico como China y un socio profundamente integrado como México. Este enfoque puede tener implicaciones serias, dado que un marco que trate a México como una economía no integrada podría resultar en políticas que debilitarían la competitividad de toda la región, incluido EE.UU.
Ante esta situación, la respuesta de México es compleja, pero se sugiere un camino: si la intención de EE.UU. es fomentar una mayor integración regional bajo la premisa de “seguridad económica”, debe reflejarse en un trato diferenciado para sus socios. Si el regreso a un arancel del 0% no es una opción viable, se deben explorar soluciones técnicas que salvaguarden la integración alcanzada.
En este contexto, EE.UU. parece tener una idea clara de lo que busca: una América del Norte más alineada, controlada y menos dependiente de fuentes externas. Sin embargo, aún está por definirse cómo se integrará México en este esquema y qué concesiones se obtendrán a cambio.
Mientras tanto, las tensiones y negociaciones continuarán siendo un tema central en la agenda bilateral, y es crucial que ambos países trabajen juntos para construir un futuro que beneficie sus economías. A medida que el T-MEC sigue evolucionando, el diálogo será esencial para hacer frente a los retos comunes que se presentan en el horizonte.
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