Al cruzar la puerta del Pabellón de Canadá en Venecia, especialmente en medio de la persistente lluvia de un martes, es inevitable sentirse impactado por la calidez y la humedad que te envuelven. Esta experiencia sensorial no es mera casualidad; es el resultado de una cuidadosa transformación llevada a cabo por el artista Abbas Akhavan en su exposición “Entre chien et loup”, presentada en la Bienal de Venecia de 2026.
Akhavan ha implementado una serie de modificaciones ingeniosas en la estructura original del pabellón, creando un auténtico invernadero. Se han instalado luces de cultivo, sistemas de vapor y ventilación, además de una película protectora en el techo de madera para preservar su integridad frente a la humedad. Un tanque de agua de 6,000 galones, que abarca más de la mitad del espacio, se ha convertido en el corazón de esta transformación, pesando aproximadamente 25 toneladas. La instalación, que evoca la historia de los terrarios victorianos, también rinde homenaje al Crystal Palace de Londres, donde se mostraron variedades de lirios de agua, acercando el concepto de la naturaleza dentro del arte.
En este tanque, se encuentra la pieza central de la exhibición: un grupo de gigantes lírios de agua, cuyo ciclo de vida transcurre junto con la muestra, desde su crecimiento hasta su eventual marchitamiento. Akhavan revela una conexión más profunda con estos lirios, que, aunque inicialmente no conocía sus alusiones históricas a la Reina Victoria, siente que su trabajo emana de una intuición más profunda que cuestiona la interpretación estrictamente colonial de los objetos expuestos.
Con la colaboración de la curadora Kim Nguyen y la asistencia de botánicos del Orto Botanico di Padova, Akhavan ha cultivado estos lirios, creando condiciones ideales para su crecimiento dentro del pabellón. A diferencia de exposiciones anteriores donde la flora fue un elemento a negociar, Akhavan considera este árbol en el que se asienta el pabellón como la fuente de inspiración primordial, fusionando la arquitectura con la naturaleza de una forma sin precedentes.
El proyecto refleja un “salto de fe”; nadie puede predecir cómo se desempeñarán los lirios a lo largo de los seis meses de la exhibición, ya que su bienestar depende de condiciones que pueden no ser óptimas. Akhavan, consciente de la agresividad de estas plantas en su hábitat natural, también acepta la naturaleza impredecible de la vida misma y se muestra dispuesto a rendirse ante ella.
La exhibición utiliza el juego de perspectivas entre lo que parece y lo que realmente es. Un montón de ramas de abedul se revela como fundiciones de bronce; una vieja piel de animal se convierte en fuente de agua. Cada elemento desafía al espectador a mirar más allá de las apariencias y cuestionar las preconcepciones que tenemos sobre los objetos que nos rodean.
El título de la exposición se traduce como “entre perro y lobo”, una metáfora de la ambigüedad y los matices que el arte puede transmitir. Akhavan apunta que, aunque las lecturas colonialistas son comunes, tal visión puede despojarse de la riqueza de la historia y la pluralidad que los objetos implican. Los lirios, con su linaje histórico que se remonta mucho antes de la era moderna, incitan a una reflexión más amplia sobre el tiempo y la naturaleza misma de la existencia.
En última instancia, el artista sugiere que la historia humana, aunque llena de significados e implicaciones, es una fracción ínfima en la vastedad de la historia del planeta. Un llamado a la humildad y a la apertura se entrelazan en su discurso, invitando al público a acercarse a las piezas con una mentalidad receptiva. La propuesta de Akhavan no solo se convierte en una experiencia artística, sino también en un diálogo sobre el lugar del ser humano en un mundo mucho más extenso y complicado de lo que comúnmente se percibe.
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