En el marco de la 59ª edición de la Bienal de Venecia, se han desatado protestas significativas en respuesta a la controversia política que rodea al evento. El 6 de mayo de 2026, el Art Not Genocide Alliance (ANGA) organizó una manifestación masiva frente al pabellón israelí, que este año ha sido trasladado del tradicional Giardini al Arsenale. Más de 200 personas se unieron al llamado de los organizadores para detener la “art-washing” y cerrar el pabellón israelí.
Los participantes, rodeados de fotógrafos y curiosos, hicieron eco de consignas como “el silencio es complicidad” y “vergüenza para ustedes”, mientras distribuían folletos informativos. A pesar del despliegue de seguridad, que incluía fuerzas privadas e italianas, la situación se mantuvo pacífica. ANGA ya ha anunciado planes para otra manifestación durante la semana, mostrando la continuidad de estas acciones de protesta.
En un acto complementario, el grupo Solidarity Drone Chorus ofreció una intervención sonora, cuya composición, creada por el artista gazatí Ahmed Muin, imita el zumbido constante de los drones durante la guerra en Gaza. Aproximadamente 60 artistas de la exposición principal de la bienal participaron en estas acciones, vistiendo camisetas que honran a artistas de Gaza fallecidos, como Halima Kahlout, quien junto a diez miembros de su familia perdió la vida en 2023.
En el mismo ambiente de protestas, la disidencia artística rusa se hizo notar cuando Pussy Riot y FEMEN rodearon el pabellón ruso, exigiendo el cierre de este espacio en medio de una acusación de que “los mejores ciudadanos de Rusia están encarcelados o han sido asesinados”, reflejando la profunda crisis política del país.
La polémica que rodea a esta edición de la Bienal no es nueva. La semana anterior a la inauguración, los cinco curadores del evento anunciaron que no se otorgarían los codiciados leones de oro, en respuesta a la presión estatal. Esto se debe a la decisión del jurado de no considerar las paviliones de países cuyos líderes enfrentan cargos por crímenes contra la humanidad, refiriéndose en particular a Rusia e Israel. Esta medida llevó a la renuncia del jurado, un episodio que ha intensificado las tensiones en el contexto de la bienal.
Las demandas de exclusion de Israel del evento han sido constantes, con 236 artistas y profesionales del arte firmando una solicitud impulsada por ANGA en octubre de 2025. En la última bienal de 2024, la artista israelí Ruth Patir cerró su exposición en protesta, indicando que actuaría así hasta que se lograra un alto al fuego en el conflicto Israel-Hamas. Sin embargo, las manifestaciones de este año han superado en número y energía a las de ediciones anteriores, señalando una creciente disposición a abordar cuestiones sociales y políticas a través del arte en este renombrado foro internacional.
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