En el corazón de la Bienal de Venecia, un acto conmovedor tuvo lugar el 7 de mayo de 2026, cuando la artista cubana María Magdalena Campos-Pons lideró una “caravana de poesía” en homenaje a Koyo Kouoh, una destacada curadora que falleció inesperadamente a los 57 años a causa del cáncer. Este evento se desarrolló a lo largo de siete localizaciones en los Giardini, un punto neurálgico de la exposición.
La escena se pintó de arte y emoción mientras Campos-Pons se dirigía a una multitud creciente: “Hoy y para siempre, Koyo Kouoh, estás aquí con nosotros…”, proclamó, creando un vínculo con muchos artistas seleccionados por Kouoh para la Bienal, así como con asistentes ajenos que esperaban café. Este ritual no solo marcó un momento de recuerdo, sino que también cuestionó la relación entre el arte, la humanidad y el comercio.
La caravana fue descrita como un “regalo” a Kouoh, simbolizando una lucha por el núcleo humano y una conexión con África, considerada la cuna de la humanidad. Marie Hélène Pereira, quien asumió temporalmente el liderazgo de la Bienal, explicó que este acto artístico se inspiró en un viaje realizado por Kouoh en 1999 con nueve poetas africanos, de Dakar a Timbuktu. “Hoy queremos transmitir un prosaísmo que brota de sentimientos inefables, frutos de diversas corrientes de opresión en el mundo”, añadió Pereira.
Durante el evento, más de una docena de voces se alzaron bajo el sol radiante. Poetas reconocidos como Natalie Diaz y Anne Waldman expresaron su deseo de proteger las bellezas de la civilización, mientras que el músico Saliou Cissokho ofreció una serenidad musical con su kora, aportando una calma entre la ebullición del festival. Philippe Mall, esposo de Kouoh, presentó una composición original, rindiendo homenaje a su “querida amiga y esposa”, mientras reflejaba sobre la dificultad de transmitir sus emociones sin música.
En un mundo donde la voz colectiva es esencial, esta intervención también tomó un matiz espiritual. Radu Neacșu, un fotógrafo rumano que se unió a la multitud, comparó la experiencia con rituales religiosos, señalando la necesidad de conectarse en un estado inversible. Otros participantes, como el poeta bahameño-trinitense Christian Campbell, conectaron la elegía a un luto más amplio, no solo por Kouoh, sino por la humanidad misma.
Este evento, aunque no parte del programa oficial de la Bienal, fue reconocido y respaldado, destacando cómo, a través de la poesía y la música, es posible explorar ángulos del dolor y la esperanza en medio de un mundo frecuentemente marcado por el desasosiego y la ira. La caravana, al conjugar el arte y la vida, se posicionó como un símbolo de la cultura africana, reflejando su alegría inquebrantable incluso frente a la adversidad. Así, la memoria de Koyo Kouoh sigue viva, iluminando el camino hacia nuevas sensibilidades en el arte contemporáneo.
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