La Tribuna Antiimperialista del Malecón, en La Habana, se convirtió el pasado viernes 22 de mayo de 2026, en el punto de encuentro para una marcha sin precedentes en la historia cubana. Este evento se llevó a cabo en momentos críticos para el castrismo, el cual enfrenta un futuro incierto. Bajo el lema “Cuba se respeta y el General de Ejército es Cuba”, cientos de militantes y funcionarios del Estado, portando banderas, acompañaron al presidente Miguel Díaz-Canel, quien se presentó en un uniforme militar de color verde olivo. Sorprendentemente, el líder histórico Raúl Castro no asistió a la cita.
Durante la marcha, Gerardo Hernández, conocido por su implicación en el caso de los espías cubanos en Estados Unidos, leyó un mensaje en nombre de Raúl Castro, quien sigue siendo una figura central en la política cubana. En sus palabras, expresó: “No nos perdonan por la humildad que no pueden destruir,” refiriéndose a los ataques constantes que enfrenta el país por parte de fuerzas externas.
La situación de Castro es complicada, ya que a sus 94 años ha sido señalado por el Departamento de Justicia de EE.UU. con cuatro cargos de asesinato, además de otros asociados a la destrucción de aeronaves. Esto ha llevado al Gobierno cubano a calificar estas acusaciones de “despreciables e infames”, comparando a Castro con Nicolás Maduro, quien enfrentó serias acusaciones en el pasado.
Bruno Rodríguez, el canciller cubano, hizo un llamado durante la manifestación para repudiar las agresiones estadounidenses, citando las consecuencias del bloqueo y las sanciones que afectan gravemente a la población. También hizo eco de los sentimientos de defensa de la revolución que predominan entre los cubanos.
Desde el lado estadounidense, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue contundente al afirmar que Castro “es un prófugo de la Justicia estadounidense”, enfatizando la presión internacional sobre el régimen cubano. Este contexto se agrava por la crisis multisistémica que enfrenta la isla, desde apagones prolongados hasta la creciente escasez de alimentos. Resulta alarmante que, según una encuesta reciente, el 60% de los cubanos se muestre favorable a una intervención militar de EE.UU., una muestra del descontento popular.
En medio de estos eventos, queda claro que la marcha en el Malecón no solo fue un acto de solidaridad hacia Raúl Castro, sino también un reflejo de la compleja y frágil situación que vive el pueblo cubano. La defensa de la revolución y la unidad ante las amenazas externas se han convertido en un discurso central, mientras el futuro sigue siendo incierto.
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