Con una salud que presenta desafíos, incluyendo una gastritis crónica leve y la necesidad de una muñequera ortopédica, el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo Montaño, se encuentra en el centro de una polémica. Recientemente surgieron informes acerca de que habría accedido a un parole migratorio para ingresar a Estados Unidos, a pesar de haber sido negada su visa. Este tipo de permisos son concedidos por razones humanitarias o de “interés público significativo”, lo que plantea preguntas sobre el acceso a la nación vecina, especialmente para figuras públicas.
A punto de cumplir 72 años, Durazo Montaño ha acumulado una rica trayectoria política a lo largo de cinco décadas. Originario de una familia dedicada a la distribución de gas LP en Agua Prieta, eligió dedicarse al servicio público tras graduarse como abogado. Sus inicios fueron como parte de oficinas de prensa, y poco a poco ascendió, convirtiéndose en coordinador de delegados en el CREA en 1985, gracias a Heriberto Galindo Quiñones.
Su carrera dio un giro notable en 1989 cuando se unió al equipo de Luis Donaldo Colosio como su secretario particular. Posteriormente, en el año 2000, inició su etapa en el gobierno de Vicente Fox, donde ocupó roles clave como secretario particular y vocero de la Presidencia. Sin embargo, en 2006, se sumó al movimiento de izquierda al aceptar la invitación de Andrés Manuel López Obrador para contender por un escaño en el Senado, rol que desempeñó hasta 2018, aunque solo por tres meses.
Durazo Montaño, junto a otros líderes morenistas, ha hecho declaraciones sobre el acceso a visas para funcionarios. Ellos son plenamente conscientes de que tener una visa, ya sea en forma de documento impreso o electrónica, no garantiza la entrada a Estados Unidos. Incluso aquellas visas revocadas a veces pasan desapercibidas para quienes no han intentado cruzar la frontera recientemente.
Además de su posición como gobernador, es miembro de la directiva de Morena, donde ha presidido un órgano deliberativo por tres años. Este contexto lo coloca en un plano similar al del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, quien también ha enfrentado dudas sobre su situación migratoria. Entre las interrogantes generadas se encuentra la existencia de un pasaporte oficial que Durazo pudo haber mantenido desde su etapa como secretario de Seguridad Pública, lo que le permitiría viajar por comisiones oficiales.
Por otro lado, la obtención de una visa o la inmunidad diplomática son prerrogativas que corresponden al Estado de origen, independientemente de la carrera política. La historia muestra que otros diplomáticos mexicanos han tenido que renunciar a sus posiciones por controversias menos evidentes, como el caso de Porfirio Muñoz Ledo.
A nivel internacional, la política migratoria ha sido tema de fuertes debates, especialmente durante la administración de Donald Trump, que impuso restricciones severas, describiendo a Cuba como “la capital mundial del terrorismo de izquierda radical”. Esto añade otra capa a la discusión sobre cómo se manejan los derechos de entrada y las relaciones entre naciones.
En este entorno cambiante, la figura de Alfonso Durazo Montaño se torna emblemática, reflejando tanto las complejidades de la política nacional como los desafíos de la movilidad internacional. Su situación, en el contexto actual, resuena no solo en Sonora, sino en una sociedad que busca respuestas sobre el acceso y la equidad en la política migratoria.
(Actualización: datos correspondientes a 2026-06-05 00:42:00)
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