La Ciudad de México volvió a ser testigo de los bloqueos de la CNTE el miércoles pasado, un escenario que revela problemas estructurales profundamente arraigados. Este evento no fue simplemente una manifestación magisterial; evidenció la clara subordinación política del gobierno local al federal y el desgaste acumulado tras casi 30 años de una misma línea política al mando de los servicios públicos.
El diseño institucional actual ha dejado a Clara Brugada, la alcaldesa, en una posición difícil, obligada a asumir la responsabilidad de decisiones que son tomadas a escasos metros en Palacio Nacional. Mientras la Secretaría de Gobernación y la SEP gestionan las negociaciones con la CNTE sin confrontaciones, las calles de la capital enfrentan parálisis durante las horas pico. La respuesta de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, a cargo de Pablo Camacho, brilló por su ausencia. Los ciudadanos, atrapados en embotellamientos, se ven desprovistos de información o alternativas, sufriendo las consecuencias de una crisis que el gobierno local parece incapaz o desinteresado en resolver.
Esta situación se agrava aún más con el colapso del Metro de la ciudad, que lidia con un déficit presupuestal crónico en mantenimiento. Diferentes auditorías han señalado las fallas en la infraestructura, desde retrasos en la modernización de los sistemas de señalización hasta el deterioro de las subestaciones eléctricas, afectando directamente en las Líneas 9, B y 12. Estos no son meros rumores sino datos concretos que reflejan una crisis tangible en el sistema de transporte.
La gestión de Adrián Rubalcava, quien asumió la dirección general del STC el 6 de mayo de 2025, se presenta con un marcado contraste entre promesas y resultados. A un año de su nombramiento, los proyectos de pilotaje automático y el prometido Metro-Energía permanecen estancados. Los protocolos de seguridad que limitan la velocidad de los trenes a menos de 35 km/h en zonas críticas han sido inamovibles durante 365 días. Este año ha sido testigo de trenes lentos y andenes sobrepoblados, lo que no se puede justificar como precaución, sino más bien como una ineficiencia sistemática.
En mayo de 2025, el sindicato liderado por Fernando Espino presentó demandas para solucionar el desabasto de refacciones. Un año después, la situación no ha mejorado, con trenes canibalizados y tiempos de espera expandiéndose en los andenes. La falta de coordinación intermodal con la SEMOVI es evidente y se traduce en un mal servicio que afecta a millones de usuarios diarios.
Rubalcava ha dejado de ser una figura que enfrenta un legado complicado. Se ha convertido en cómplice del deplorable estado del Metro, al no conseguir las partidas extraordinarias necesarias para una red que opera al límite. Su estrategia parece ser mantener el sistema en funcionamiento al costo de la eficiencia, apostando a que los usuarios se adapten a la lentitud y la deficiencia en el servicio.
El Metro de la Ciudad de México no está solo en crisis; está siendo administrado para perpetuar ese estado. La ciudad necesita funcionarios que asuman la responsabilidad y busquen soluciones efectivas, no burócratas que simplemente gestionen la escasez.
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