El gobierno de México se encuentra en un momento crucial en su estrategia energética, centrada en la creación de un Plan Integral de gas natural que abarque toda la cadena de valor. Esta iniciativa busca no solo reducir la dependencia del país respecto a las importaciones, que actualmente provienen en un 75% de Estados Unidos, sino también potenciar la producción nacional mediante la técnica de fracking.
La Presidenta Claudia Sheinbaum ha dado un paso significativo al encargar a un grupo de expertos el análisis de la viabilidad de la fracturación hidráulica como método para incrementar la producción de gas. Este enfoque responde a un diagnóstico que destaca la vulnerabilidad de México ante las fluctuaciones del mercado internacional y los riesgos de interrupciones en el suministro.
El 7 de mayo, en un evento encabezado por Sheinbaum y su equipo, se presentó el Plan de Gasoductos para México, que contempla una inversión superior a 140,905 millones de pesos hacia 2030. Esta inversión, sin embargo, planteada por la Asociación Mexicana de Gas Natural, está acompañada de un capital privado adicional de 7,500 millones de dólares, aunque no se incluye la explotación mediante fracking en sus proyecciones iniciales.
El presidente de la AMGN, Alfredo Bejos Inclán, y su vicepresidente, Abraham Zamora, han expresado su apoyo al nuevo modelo energético, resaltando la apertura al diálogo con los secretarios de Economía, Energía y Hacienda. A pesar de sus avances, ambos líderes destacan la necesidad de un ordenamiento más integral, que no solo contemple la construcción y mantenimiento de gasoductos, sino que también aborde el almacenamiento de gas. Actualmente, las reservas de gas son alarmantemente escasas, con una duración de apenas 2.4 días.
El contexto internacional resalta la importancia de esta estrategia: Estados Unidos se ha convertido en un líder mundial en producción de gas a través del fracking, capaz de asegurar reservas para satisfacer tanto su propia demanda como la de México durante hasta 60 años. Esto pone de relieve la urgencia de que el país establezca políticas efectivas sobre el almacenamiento de gas.
El recuerdo de la crisis de suministro en febrero de 2021, causada por la Tormenta Invernal Uri en Texas, subraya aún más el peligro de la dependencia energética. En esa ocasión, las exportaciones de gas hacia México se redujeron drásticamente, generando apagones y crisis de precios en el norte del país, lo que evidenció la falta de infraestructura adecuada.
México se posiciona como el principal cliente del gas natural exportado por Estados Unidos, absorbiendo alrededor del 22.5% de estas exportaciones. En el primer trimestre de 2026, las importaciones alcanzaron un promedio récord de 6,258 millones de pies cúbicos diarios, lo que pone en relieve la interdependencia entre ambas naciones.
La sostenibilidad del crecimiento económico y la atracción de inversiones dependerán no solo de la implementación de este nuevo modelo energético, sino también de cómo el gobierno aborde las reformas necesarias en la cadena de valor del gas natural. La respuesta a esta interconexión podría definir el rumbo energético del país en los años venideros, marcando el éxito o el fracaso de su autonomía energética.
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