El brote de ébola declarado en mayo en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC) ha alcanzado cifras alarmantes, dejando a su paso alrededor de 400 fallecidos y más de 1,300 casos confirmados hasta el 29 de junio de 2026. De acuerdo con el Ministerio de Comunicación congoleño, el último balance revela 1,333 personas infectadas, 399 muertes, y una tasa de letalidad que se sitúa en el 29,7%. Los casos han continuado creciendo, con 26 nuevos contagios y 9 personas recuperadas reportadas recientemente.
La epidemia se ha concentrado principalmente en las provincias de Ituri, Kivu Norte y Kivu Sur, donde se han intensificado las medidas de atención sanitaria, vigilancia y movilización comunitaria. El gobierno ha instado a la población a seguir estrictas pautas de prevención, como el lavado frecuente de manos y la limitación de contactos. Se destaca que los rumores pueden poner en peligro vidas, subrayando la importancia de seguir únicamente información oficial.
El actual brote de ébola corresponde a la cepa de Bundibugyo, que no tiene una vacuna o tratamiento específico aprobado. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que el riesgo de expansión en África subsahariana es “alto”, mientras que a nivel global se califica como “bajo”. En un esfuerzo por controlar la situación, Estados Unidos ha activado su máximo nivel de respuesta sanitaria, que incluye la elevación de alertas y el envío de tratamientos experimentales, como MBP134, a la RDC y Uganda.
Desde la declaración del brote el 15 de mayo en la provincia de Ituri, Uganda también ha visto la confirmación de 20 contagios, en su mayoría importados de la RDC, así como dos fallecimientos. Además, el gobierno francés ha confirmado un caso positivo en un médico que regresaba de la RDC.
A nivel internacional, la OMS ha clasificado la situación como una emergencia de salud pública de importancia internacional. Este brote se considera la tercera epidemia de ébola más severa, solamente superada por la crisis en África Occidental entre 2014 y 2016, y el brote en el este de la RDC entre 2018 y 2020.
El virus del ébola, conocido por causar fiebre hemorrágica grave, se propaga a través del contacto directo con fluidos corporales de personas o animales infectados, lo que convierte a su contención en un desafío significativo. La implementación de controles sanitarios y restricciones de ingreso para viajeros desde las áreas afectadas se ha vuelto imprescindible en los esfuerzos por detener el avance de esta enfermedad devastadora.
Actualización: Las cifras mencionadas corresponden al 1 de julio de 2026.
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