La selección de fútbol de Inglaterra se encuentra en una encrucijada desafiante antes de su enfrentamiento crucial contra México en los octavos de final del Mundial. El partido, programado para el domingo, se llevará a cabo en el emblemático Estadio Azteca, situado a 2,200 metros sobre el nivel del mar, un ambiente que podría jugar en contra de los europeos desde el primer momento de su llegada a la Ciudad de México.
Se espera que el equipo liderado por Thomas Tuchel llegue el viernes, y la altitud presenta un reto significativo. Según Tim Meyer, un experto en medicina deportiva y médico de la selección alemana en seis Mundiales, el menor nivel de oxígeno a esa altitud podría dar a México una ventaja crucial. Esto se debe a que la capacidad aeróbica se ve afectada: el cuerpo tiene dificultades para transportar oxígeno a las células, lo que prolonga los tiempos de recuperación y afecta negativamente el rendimiento atlético.
En un artículo reciente en la revista Sports Medicine, Meyer y su equipo simularon las condiciones más adversas para los competidores en un torneo. Afirmó: “Es casi imposible aclimatarse adecuadamente a la altitud en un corto periodo de tiempo”. Tuchel, consciente de este desafío, destacó que tres días son insuficientes para adaptarse físicamente a la altitud, lo que representa una desventaja significativa para su equipo.
Históricamente, el efecto de la altitud en el rendimiento deportivo ha quedado demostrado. Durante los Juegos Olímpicos de 1968, celebrados en la Ciudad de México, se batieron 30 récords mundiales en eventos de potencia, mientras que las pruebas de larga distancia se corrieron hasta un 10% más lentas que los récords establecidos. Esto se atribuye a que las actividades anaeróbicas no son afectadas por la menor densidad de aire, pero las de resistencia, que dependen de la adecuada oxigenación de la sangre, sí lo son.
Con el tiempo limitado para la aclimatación —aproximadamente 102 horas entre dos partidos— se espera que la mayoría de ese tiempo esté en su campamento base en Kansas City, lo que deja a los jugadores con escasas oportunidades de adaptarse a la altitud de manera efectiva. Meyer enfatizó que la producción de glóbulos rojos necesaria para soportar altos niveles de altitud requiere días, incluso semanas.
Mientras tanto, la selección mexicana, que ha instalado su base en la Ciudad de México, ha tenido la oportunidad de disputar tres de sus cuatro partidos en el Estadio Azteca. Este contexto no solo les da la ventaja de la aclimatación, sino que también afecta a los jugadores de maneras menos obvias. La falta de oxígeno puede elevar la frecuencia cardíaca y alterar la calidad del sueño, factores que pueden afectar el rendimiento en un partido crucial.
Además, la propia naturaleza del balón al jugar en altitudes elevadas no debe ser subestimada. La menor resistencia del aire permite que el balón vuele más lejos y más rápido, lo que puede modificar la dinámica de los pases y disparos. Equipos sudamericanos, familiarizados con estas condiciones, a menudo usan balones más ligeros en sus entrenamientos para simular el efecto de la altitud.
En resumen, este encuentro emblemático no solo enfrentará a dos equipos sobre el campo, sino que también planteará una variada serie de desafíos y dinámicas en torno a la altitud que decidirán el rumbo del partido. Las preparaciones de Inglaterra y las ventajas locales de México establecerán el escenario para un choque memorable en la historia del Mundial.
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