La reciente decisión de Estados Unidos de no renovar el T-MEC, conocido en Canadá como CUSMA, ha causado reacciones interesantes en el país vecino. El primer ministro Mark Carney y el ministro de Comercio y Asuntos Económicos, Dominic Leblanc, han manifestado su sorpresa moderada ante esta medida, estableciendo una estrategia clara de control de daños. Una de sus afirmaciones más significativas es la de reafirmar a Canadá como un socio confiable y estable en medio de una economía global incierta. “Canadá cuenta con la energía, los recursos naturales, y un ambiente de negocios predecible”, subraya Carney.
Ambos países comparten preocupaciones similares respecto a las tarifas impuestas por la Sección 232 en automóviles, autopartes, acero y aluminio, lo que ha generado un clima de tensión comercial. Además, Canadá ha visto afectadas sus exportaciones de madera. Tanto los funcionarios como los comentaristas en medios han criticado estos enfrentamientos, destacando que tras año y medio de guerra comercial, esta decisión de Estados Unidos sugiere que no habrá una tregua pronta.
El emerger de cifras comerciales entre Canadá y Estados Unidos es notable. Más de 80% del comercio exterior canadiense se realiza con su vecino del sur, que representa más de 50% de su Inversión Extranjera Directa. El comercio binacional está valorado en 2,470 millones de dólares diarios y el stock de inversiones estadounidenses en Canadá asciende a 850,000 millones de dólares. Aún con estas cifras importantes, Canadá ha perdido su posición como el principal socio comercial de Estados Unidos, cediendo ese lugar a México.
En medio de estas tensiones, surge otro factor que podría complicar las relaciones: las restricciones que impone Canadá sobre productos estadounidenses, particularmente en los lácteos y el limitado espacio para la exhibición de productos como el whisky tipo bourbon. Las quejas han llegado hasta la oficina del Representante Comercial de la Casa Blanca, que también busca que se revise una norma que exige a plataformas como Netflix aumentar el contenido canadiense de 5% a 15%.
Mirando hacia el futuro, se ha conocido recientemente que Canadá está considerando construir un ducto para suministrar un millón de barriles diarios de crudo a países asiáticos. Esta estrategia busca diversificar su mercado energético y reducir la dependencia del sector estadounidense, una decisión que refuerza su ambición de convertirse en una superpotencia energética.
El mayor desafío que enfrenta Canadá es el acercamiento reciente a China, una situación que preocupa a los Estados Unidos. Como advirtió Jameson Greer en una entrevista, “no queremos que Canadá atraiga inversiones chinas para luego exportar automóviles chinos a Estados Unidos; esto es lo opuesto a nuestros intereses”.
De cara al T-MEC, este sigue siendo un acuerdo trilateral en un contexto de creciente incertidumbre. Los países involucrados comparten un destino común; sin embargo, es evidente que la niebla económica que nos envuelve dificulta la claridad de nuestro rumbo. Mientras se navega en estas aguas turbulentas, es imperativo permanecer atentos a potenciales icebergs que puedan surgir en el horizonte.
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