Mientras la selección mexicana ilumina la noche con su paso por los mundiales, el Museo Kaluz, situado en el bullicioso corazón de la Ciudad de México, invita a realizar una mirada crítica al deporte a través de la lente del humor político. Desde el 5 de julio hasta el 31 de agosto, la exposición “¡México-México-México! Abel Quezada entre arte y deporte” rinde homenaje a uno de los caricaturistas más influyentes del siglo XX, Abel Quezada, quien utilizó el fútbol como un escenario para reflejar las contradicciones y excesos de la sociedad mexicana.
La muestra, que cuenta con 82 piezas que incluyen cartones, pinturas y acuarelas, busca explorar cómo el fútbol fue mucho más que un mero espectáculo para Quezada; se convirtió en un espejo de la realidad social y política del país. Durante un recorrido para medios, el curador Ery Camara subrayó que las obras de Quezada siguen siendo vigentes y podrían publicarse hoy en día, dado que mantienen un diálogo constante con el presente.
La exposición se estructura en tres partes: la primera reconstruye la trayectoria personal del artista, ofreciendo una visión de su vida a través de fotografías y documentos; la segunda se enfoca en su faceta como pintor autodidacta, abarcando no solo el fútbol, sino también otros deportes como el béisbol y el boxeo; y la tercera sección recopila obras dedicadas al fútbol, demostrando cómo este deporte se convierte en metáfora de la política y el comportamiento colectivo.
A pesar de sus éxitos, Quezada mantenía una notable modestia. Durante años, evitó comercializar sus obras y optaba por prestarlas a museos y amigos, conservando un gran archivo personal que cuenta con más de 16,000 piezas, muchas de las cuales se presentan por primera vez en esta muestra. Uno de los cartones inéditos, titulado “La fiesta del alarido”, critica los mecanismos de evasión colectiva, resonando con temas contemporáneos.
El director del Museo Kaluz, Miguel Fernández Félix, enfatiza que la obra de Quezada trasciende el ámbito deportivo. Los estadios, al igual que la política, son espacios donde las conductas colectivas e interacciones humanas pueden ser observadas. La exposición también incluye una sala participativa, donde los visitantes pueden consultar publicaciones históricas y contribuir a un mural colectivo, haciendo de esta experiencia algo interactivo y dinámico.
Con una notable respuesta del público, la exposición anterior organizada por el Museo Tamayo en 1984 atrajo a más de 121,000 visitantes, un récord que subrayó la relevancia del legado artístico de Quezada. A través de esta nueva revisión, el Museo Kaluz plantea una reflexión crítica: si las caricaturas de Quezada aún parecen contemporáneas, ¿es porque su visión era excepcional o porque el país sigue repitiendo muchas de las realidades que él supo capturar hace más de medio siglo? Esta interrogante invita a los asistentes a profundizar en la conexión entre el arte y las dinámicas sociales actuales.
Los interesados pueden visitar la exposición en Av. Hidalgo 85, en el Centro Histórico, donde la entrada es gratuita los miércoles y tiene un costo de $60 para el público general y $30 para personas de la tercera edad. En un contexto donde el fútbol y la política siguen entrelazados, la obra de Abel Quezada se erige como un recordatorio de la importancia de la crítica social a través del arte.
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