Saúl Huerta se ha convertido en un diputado fantasma. El escándalo del político de Morena acusado de abusar sexualmente de un joven de 15 años le costó la posibilidad de su reelección. Pese a que la Comisión Nacional de Honestidad del partido del presidente dio tres días al Congreso para retirarle su protección judicial y que pesos pesados de Morena como Mario Delgado o Claudia Sheinbaum pidieron que se termine su impunidad, Huerta ha logrado mantener su fuero frente a la investigación de la Fiscalía. A apenas 27 días de que se acabe su periodo dentro del Congreso, el diputado sigue levantando ampollas en el círculo político mexicano.
Huerta, pese a su larga trayectoria, no siempre estuvo en el foco mediático. Se inició en el mundo de la política desde muy joven. A los 15 años se unió a la Juventud Revolucionaria de la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) del PRI. Este fue el primer paso para hacerse un nombre y desempeñar diversos cargos en San Francisco Teotihuacán, Puebla, su municipio natal. Desde secretario de la presidencia auxiliar de su pueblo, pasando por agente subalterno del Ministerio Público, hasta secretario de Organización del Comité Directivo Estatal del PRI y asesor de impuestos inmobiliarios de la Tesorería de Puebla.
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Mientras se cimentaba dentro del PRI, se licenció en Derecho en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y más tarde compaginó sus cargos en las instituciones locales con el puesto de profesor de Historia de las Instituciones Jurídicas, Derecho Romano y Derecho Fiscal. Se casó con una abogada, con la que tuvo tres hijas. Con su mujer fundó el bufete de Huerta Alcobas Segovia y Asociados, el cual dirigió hasta 2011.
Sin embargo, su gran puesto le llegó con Morena. Huerta, que había permanecido en el anonimato en su tierra natal con el PRI, decidió sumarse a la promesa de la cuarta transformación de Andrés Manuel López Obrador. Pasó de tener un cargo pequeño en la histórica formación a ser uno de los políticos camaleónicos que conformaron el equipo del actual presidente. En 2018 tomó el cargo de diputado federal, un puesto por el que había hecho campaña, sin lograr resultados, seis años atrás con el PRI.
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Con la nueva legislatura, Huerta activó sus redes sociales para proclamarse como el servidor más fiel de López Obrador. Siguió teniendo un papel importante dentro de la comunidad de San Francisco Teotihuacán. Hizo acto de presencia en marchas por derechos sociales, apoyó iniciativas para congelar el pago de impuestos de agua en las colonias más desfavorecidas e incluso abanderó una campaña para impedir que Sheinbaum creara un cementerio para víctimas de covid-19 porque defendía que su construcción atentaría contra los usos y costumbres del pueblo originario de Teotihuacán y que podría convertirse en un problema de salud pública.
En el plano nacional, llevó a cabo pequeñas iniciativas que le valieron alguna nota en periódicos de corta tirada. Propuso a la Comisión Nacional Bancaria y de Valores unas reformas económicas para paliar los efectos de la pandemia, como retirar las comisiones en los cajeros automáticos. También se enfrentó al proyecto para elevar la edad de 18 a 25 años para ser electo miembro de un ayuntamiento y apoyó la idea de elevar el salario a la Policía Estatal. Eran pequeñas iniciativas, proyectos que no llamaban la atención, en línea con lo que su partido esperaba de él.


