Los abusos sexuales a monjas por parte de sacerdotes han comenzado a salir de las sombras en la Iglesia católica, marcando un cambio significativo con el aumento de denuncias que el próximo sucesor del papa Francisco tendrá que enfrentar. Francisco, el primer pontífice latinoamericano, abrió "una primera puerta" en 2019 al convocar una cumbre inédita centrada en la violencia sexual, impulsando a las religiosas a hablar y denunciar.
Este encuentro llevó a avances como el levantamiento del secreto pontificio y la obligación de reportar abusos a la jerarquía de la iglesia. Sin embargo, muchos consideran que las reformas han sido insuficientes, en especial por la negativa a eliminar el secreto de confesión, un tema candente entre las víctimas. La elección del nuevo papa, programada para comenzar el miércoles con la participación de 133 cardenales de todo el mundo, plantea la esperanza de cambios más profundos.
La hermana Cristina Schorck, de Brasil, comentó sobre el sufrimiento histórico de las religiosas, que durante años no pudieron hablar sobre sus experiencias dolorosas. Desde otro ángulo, la hermana Veronique Margron, presidenta de la Conferencia de Religiosos de Francia, afirmó que, si bien el tema sigue siendo un tabú, los discursos sobre el abuso han ganado visibilidad.
Un caso emblemático que resalta esta lenta evolución es el de Marko Rupnik, un sacerdote esloveno conocido por su labor artística, acusado de violencia sexual y psicológica. Tras un cierre inicial por parte del Vaticano, el caso fue reabierto en 2023 bajo la presión de Francisco, señalando un cambio en la forma en que estos casos son tratados.
Los defensores de las víctimas, como Laura Sgro, abogada de algunas acusadoras, han hecho un llamado a que tanto los estados como el derecho canónico ofrezcan una mejor protección, subrayando la necesidad de facilitar la presentación de denuncias.
En el corazón de Roma, muchas monjas continúan su labor diaria, abogando por un enfoque más efectivo en la respuesta de la Iglesia ante abusos sexuales. Una de ellas, de Camerún, subrayó la importancia de aprender a abordar estos problemas.
Desde la elección de Francisco, ha habido esfuerzos hacia la inclusión de mujeres en roles de liderazgo, como la reciente designación de una mujer para dirigir un ministerio vaticano. Sin embargo, muchos argumentan que es crucial otorgar más espacio a las monjas, quienes suman más de 559,000 en comparación con 128,559 sacerdotes en todo el mundo, según datos del Vaticano. Esta discrepancia refleja una estructura bien definida dentro de la Iglesia, considerada por algunos como "piramidal" y "machista".
El propio Francisco ha instado a la Iglesia a superar esta mentalidad, enfatizando que las monjas no deben ser vistas como meras asistencias de los clérigos. Desde 2016, la Unión Internacional de Superioras Generales ha liderado esfuerzos para que las monjas denuncien la violencia y ha organizado capacitaciones para crear conciencia sobre estos temas.
A pesar de estos esfuerzos, la hermana Margron ha señalado que no se debe esperar solamente del Vaticano, advirtiendo sobre el peligro de perpetuar la tradición de esperar que sean los hombres quienes lideren las conversaciones sobre estos abusos. La lucha por un cambio profundo dentro de la Iglesia continúa, con un futuro que no solo depende de las reformas, sino también del valor de las voces que han sido silenciadas durante demasiado tiempo.
Nota: Esta información corresponde a la fecha de publicación original del contenido (2025-05-04 07:09:00) y se presenta sin modificaciones en fechas, nombres, lugares, cifras ni datos esenciales.
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