El panorama político en Rusia se ha visto sacudido por las recientes acusaciones de financiamiento extranjero que pesan sobre Rusia Unida, el partido del presidente Vladímir Putin. Estas acusaciones no son nuevas, pero adquieren una gravedad particular tras la exclusión del partido liberal Yábloko de las elecciones legislativas programadas para el 20 de septiembre de 2026. El 16 de agosto, Yábloko denunció que Rusia Unida recibió casi 10 millones de dólares en donaciones desde el extranjero, así como, de manera igualmente alarmante, que el Tribunal Supremo utilizó acusaciones similares para invalidar su registro electoral.
En un informe titulado “Entonces exclúyanlos a todos”, el partido opositor reveló que el oficialismo y otras formaciones registradas en la Duma captaron al menos 1.153 millones de rublos (aproximadamente 13,6 millones de dólares) en contribuciones “con indicios de financiación extranjera” entre 2021 y 2025. De esta suma, Rusia Unida habría recibido 811.750 millones de rublos —casi 10 millones de dólares— de donantes en 22 países, incluidos Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Alemania, naciones que el Kremlin ha denominado “hostiles” desde el inicio de la invasión de Ucrania en 2022.
Yábloko enfatiza que esta situación contrasta drásticamente con los 16.900 rublos (alrededor de 200 dólares) que el alto tribunal utilizó como fundamento para anular su registro. En su defensa, el informe señala que la legislación rusa no prohíbe las donaciones de origen extranjero, calificando como “absurdo” trasladar la responsabilidad individual de los donantes a la formación que recibe los fondos. Ante esta incongruencia, Yábloko exige al Supremo que revoque su decisión o aplique criterios similares a los demás partidos que participarán en las próximas elecciones.
Esta controversia se intensifica tras la decisión del Tribunal Supremo, que excluyó a Yábloko el 10 de agosto tras admitir una demanda del partido nacionalista Ródina. Este último acusó a Yábloko de financiamiento extranjero, infracciones de derechos de autor y promoción del “extremismo”. La medida ha generado una ola de protestas en Moscú, donde cientos de simpatizantes, en su mayoría jóvenes, se congregaron frente a la sede del Supremo para manifestar su descontento.
Es relevante señalar que Yábloko es la única formación política registrada en Rusia que aboga abiertamente por el cese del conflicto en Ucrania, un deseo que dos tercios de los rusos comparten, según encuestas del Centro Levada. La creciente popularidad de Yábloko entre los jóvenes, especialmente aquellos reacios a ser movilizados, parece haber alarmado al Kremlin, coincide en decir la opinión pública y analistas.
Con la mirada atenta del mundo sobre este proceso, el líder de Yábloko, Nikolái Ribakov, ha calificado la exclusión de su partido como un intento de silenciar “preguntas incómodas para las autoridades”. La decisión del Tribunal Supremo, que deberá emitirse pronto, será crucial en determinar si la única alternativa electoral que promueve la paz podrá finalmente participar en unos comicios que se prevén sin competencia real, un escenario que se ha vuelto habitual en la política rusa durante más de dos décadas.
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