Zaragoza ha sido el escenario del nacimiento de Aday Mara, un nombre con raíces profundas que se traduce como “el que vive debajo del agua” en la lengua de los antiguos aborígenes canarios. Esta semana, Aday se ha elevado a lo más alto del baloncesto universitario estadounidense al convertirse en el primer español en conquistar el título de la NCAA. Sin embargo, detrás de sus impresionantes tapones está vinculada una historia que revela su conexión profunda con el voleibol.
La figura de Aday Mara se ha consolidado especialmente en la prestigiosa universidad de Michigan, donde ha dejado su huella en el “March Madness”. Lo que muchos no saben es que la base de su talento defensivo tiene un fuerte componente genético: su madre, Angélica Gómez, es una de las jugadoras más destacadas del voleibol español. Con una estatura de 1,92 metros, Angélica, conocida como ‘Geli’, fue una central dominante, y su legado deportivo se ha trasladado a su hijo.
Angélica ha sido campeona de la Liga en seis ocasiones, cinco de ellas con el histórico Marichal Tenerife, y ha sido internacional en 178 ocasiones con la selección nacional. Su carrera no se limitó a la pista, ya que posteriormente se convirtió en campeona de España de voley playa en 1996, acercándose al sueño de representar a España en los Juegos Olímpicos de Atenas.
La habilidad defensiva de Aday, particularmente su capacidad para bloquear, muestra un eco de la técnica depurada de su madre. Este aspecto, junto con su formación inicial en el Casademont Zaragoza, ha permitido que Aday construya su modelo de juego, donde cada tapón se siente como un tributo al legado de Angélica y su habilidad para dominar el juego desde las alturas.
Por otro lado, Aday también reconoce la influencia de su padre, Javi Mara, un exjugador de baloncesto que dejó huella en el Basketmar coruñés en los años 80. Aunque su trayectoria deportiva lo llevó al baloncesto, Aday ha mantenido un amor por el voleibol, específicamente el voleibol playa, una disciplina que aún le apasiona y que juega cuatro o cinco días al año. “No se me da mal, a mí me encanta”, comenta, mostrando una modestia que contrasta con su imponente físico de 2,21 metros y una envergadura de brazos de 2,31 metros.
Con un anillo de campeón universitario y la vista puesta en el draft de la NBA, Aday Mara se posiciona como una de las grandes esperanzas del baloncesto español. La conexión con sus raíces y el legado de su madre resuena en cada acción que realiza en la cancha. Cada tapón que ejecuta no es solo un punto en el juego, sino también un símbolo de la herencia que lleva y el esfuerzo que ha invertido para alcanzar las alturas, que le acercan cada vez más a tocar el cielo deportivo.
La historia de Aday, en estas fechas de orgullo nacional, promete ser solo el principio de una carrera que ilusiona a muchos en el mundo del baloncesto español.
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