La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha anunciado una decisión significativa en el contexto de la reevaluación del legado histórico de la Conquista española, ordenando el rebautizo del “Paso de Cortés”. Este camino, que une los majestuosos volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl, ha llevado durante mucho tiempo el nombre del conquistador Hernán Cortés, quien lo utilizó durante la caída de Tenochtitlán, la antigua capital del imperio mexica.
El cambio propuesto por Sheinbaum busca honrar a las comunidades indígenas que vivieron en estas tierras mucho antes de la llegada de los europeos. En un evento realizado en el mismo paso, la mandataria enfatizó: “Este día les propongo que dejemos de llamar ‘Paso de Cortés’ a este territorio porque por aquí pasaron los pueblos mucho antes”. Así, la propuesta es sustituir el nombre por “Paso de los Pueblos Indígenas”, un gesto que se alinea con iniciativas anteriores de su gobierno y del anterior presidente, Andrés Manuel López Obrador, para resaltar el pasado indígena de México.
El contexto de esta decisión se enmarca en un intento más amplio de reivindicar la memoria histórica de las comunidades originarias. López Obrador, conocido como AMLO, ya había hecho movimientos significativos, como enviar una carta al gobierno de España solicitando disculpas por los abusos cometidos durante la Conquista, lo que generó una tensión palpable en las relaciones diplomáticas con Madrid.
Sheinbaum, quien había sido alcaldesa de la Ciudad de México antes de asumir la presidencia, ya había impulsado cambios simbólicos en el pasado, como renombrar el “Árbol de la Noche Triste” a “Árbol de la Noche Victoriosa”, enfatizando así el triunfo indígena en lugar del citado lamento de Cortés tras su derrota. Estas acciones indican un compromiso persistente con una nueva interpretación del pasado, donde la narrativa indígena recobre un lugar central en la identidad nacional.
Si bien la mandataria también apoyó la carta de López Obrador a España, es evidente que ha buscado distender las tensiones diplomáticas, aprovechando, por ejemplo, la celebración del Mundial de fútbol para establecer un encuentro con el rey Felipe VI.
Este impulso por cambiar el nombre del “Paso de Cortés” no solo refleja una actualización simbólica del paisaje cultural de México, sino que también representa un esfuerzo por fomentar el reconocimiento y el respeto hacia las raíces indígenas del país. En un país con una historia tan compleja, cada paso hacia una reconciliación con el pasado es un paso importante hacia el futuro.
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