El futuro del John F. Kennedy Center for the Performing Arts, un emblemático complejo cultural en Washington D.C., se encuentra en una situación crítica. Recientemente, abogados del presidente de EE. UU. han advertido sobre la posibilidad de que el centro sea demolido a menos que se realicen reparaciones urgentes que ascenderían a 250 millones de dólares. Según el argumento presentado, si estas mejoras no se llevan a cabo, el complejo podría degradarse a tal punto que se convierta en una estructura insegura, con el riesgo de ser derribado para dar paso a una propuesta que sugiere construir un gran anfiteatro al aire libre que mire hacia el río Potomac, idea que ha sido discutida durante años.
Este aviso se produce en un contexto de tensiones crecientes en la administración de Donald Trump, que ha estado marcado por la demolición del ala este de la Casa Blanca para alojar un nuevo salón de baile de 600 millones de dólares, así como reformas controvertidas en el reflecting pool del Lincoln Memorial que generaron problemas de salud ecológica, como el crecimiento de algas.
Por primera vez, el potencial desmantelamiento del Kennedy Center ha sido planteado abiertamente por los aliados de Trump, una acción que sin duda provocaría una fuerte reacción de grupos de preservación histórica y debates legales sin precedentes. Este centro, conocido por albergar presentaciones de artistas de renombre como Frank Sinatra y Lin-Manuel Miranda desde su apertura en 1971, ha enfrentado desafíos artísticos y comerciales desde que Trump asumió el control en 2025.
En una movida legal reciente, la administración instó a un juez federal a desestimar una nueva demanda que cuestiona la intención de Trump de poner su nombre en el Kennedy Center. Este debate se inscribe dentro de una controversia más amplia acerca de cómo el proyecto del presidente puede alterar el memorial que fue creado por el Congreso para honrar a John F. Kennedy, el 35º presidente de EE. UU. asesinado en 1963. En un fallo anterior, un juez dictaminó que solo el Congreso tiene la autoridad para cambiar el nombre del Kennedy Center, subrayando que la institución debe honrar exclusivamente la memoria del presidente Kennedy.
Sin embargo, el consejo de administración del Kennedy Center, compuesto en su mayoría por appointees de Trump, votó para cambiar el letrero del edificio a “El John F. Kennedy Center for the Performing Arts restaurado y renovado por el presidente Donald J. Trump”. Este movimiento ha suscitado críticas y combates legales, especialmente después de que un juez ordenara la remoción del nombre de Trump del edificio, un proceso que se ha complicado con la decisión de cubrir la sección afectada del complejo con una lona.
La sociedad civil ha reaccionado con descontento. Activistas de Hands Off the Arts, un colectivo de más de 2,800 voces en contra de la censura en el arte, han protestado, describiendo las acciones de Trump como un ataque directo a la memoria de Kennedy y al patrimonio cultural del país. Resaltan que “el Kennedy Center es un memorial de nuestro pueblo para honrar a JFK, y nos negamos a permitir que sea profanado o demolido”.
Mientras tanto, colaboradores y críticos de la administración han expresado su preocupación sobre la dirección en la que se dirigen estas acciones, dejando claro que la lucha por el futuro del Kennedy Center está lejos de concluir. La próxima audiencia judicial, programada para el jueves, será un punto crítico en este conflicto, ya que podría determinar el destino de uno de los centros culturales más importantes de Estados Unidos.
(Actualización: Los datos corresponden a la fecha de 2026-08-26 06:33:00).
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Datos basados en información reportada originalmente por theguardian.com.






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