Un ataque devastador se desató el martes en una escuela de Rio Branco, capital del estado de Acre, Brasil. Un adolescente de 13 años abrió fuego, resultando en la muerte de dos empleadas y dejando a una tercera persona y a una alumna heridas. Según la policía, el atacante fue rápidamente detenido y se entregó tras el ataque.
El incidente ocurrió en la tarde, cuando el menor, que es alumno de la misma institución, accedió sin dificultad al edificio. Disparó varios tiros en un corredor que conduce a la dirección, lo que generó un caos absoluto. Entre las heridas se encuentra una niña de 11 años, quien recibió un disparo en la pierna y fue trasladada de urgencia al hospital.
Eduardo Rodrigues Cavalcante, un recepcionista de un hotel cercano, describió el pánico en la escuela. Algunos alumnos intentaron escapar saltando un muro de seis metros que separa la escuela del hotel, pero solo uno logró hacerlo. “Oí los tiros y muchos gritos”, relató Cavalcante, testigo del horror que se vivió durante el ataque.
La situación se tornó aún más compleja cuando se detuvo al padrastro del atacante, que es el propietario de la pistola calibre 380 utilizada en el tiroteo. Además, la policía identificó a otros estudiantes que podrían haber estado al tanto de las intenciones del agresor y que, potencialmente, habrían cooperado con él.
Los esfuerzos de la policía no se detienen ahí; han iniciado una investigación exhaustiva para determinar las causas del ataque y esclarecer cualquier responsabilidad. Las autoridades han expresado su profunda solidaridad con las familias de las víctimas y la comunidad escolar del Instituto São José, donde ocurrió la tragedia. Para hacer frente a la crisis, se han movilizado equipos de apoyo psicológico para ofrecer orientación a alumnos y docentes afectados.
Como medida de seguridad, se suspendieron las clases por tres días en todos los centros educativos del estado, una decisión que refleja la creciente preocupación por la seguridad en las instituciones educativas en Brasil. En los últimos años, el país ha sido escenario de varios ataques similares que han dejado un saldo trágico de víctimas.
En septiembre de 2022, un ataque en Ceará cobró la vida de dos adolescentes y dejó a otros tres heridos. En octubre del mismo año, un tiroteo en São Paulo resultó mortal para una estudiante de 17 años y dejó a tres más con heridas. En abril de 2023, un ataque frente a una guardería dejó a cuatro niños muertos, un recordatorio escalofriante de la amenaza persistente de la violencia en las escuelas brasileñas.
La comunidad se encuentra en estado de shock, y la búsqueda de respuestas a esta tragedia continúa. Las autoridades están bajo presión para investigar más allá del ataque en sí y abordar las raíces de la violencia juvenil en el país.
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