La construcción del Tren Maya ha suscitado una serie de preocupaciones y advertencias que vuelven a cobrar relevancia a raíz de un video viral que documenta evidencias de hundimientos en la estructura del tren en su fase de construcción. La organización ambientalista Sélvame del Tren ha llamado a la atención del gobierno federal, instándolo a reconsiderar el proyecto de este tren de carga, especialmente en las condiciones actuales del terreno.
Guillermo D’ Christy, una de las voces más visibles de la organización, advirtió desde muy temprano que el tren podría ser un riesgo considerable no solo para la selva, sino también para el acuífero que se extiende por debajo de las vías. Según D’ Christy, el suelo kárstico de la región no está preparado para soportar estructuras pesadas como las del tren, y los hundimientos son una preocupación constante, incluso sin cargas adicionales.
“Que se utilicen pilotes a 25 metros de profundidad no garantiza que el subsuelo esté libre de oquedades que podrían llevar eventualmente a su colapso. Esta es la misma forma en que se forman cenotes”, explicó el activista durante la reciente colocación de pilotes que ahora buscan apuntalar la estructura para evitar un posible desplome.
Las afirmaciones de D’ Christy resaltan que, a pesar de los anuncios de ingenieros militares sobre la viabilidad del proyecto, las condiciones actuales del suelo indican que no es apto para sostener ni un tren de pasajeros ni uno de carga. La potencial contaminación del acuífero en caso de un accidente representa un serio riesgo.
La situación se complejiza aún más al considerar la magnitud de la inversión federal, que asciende a 7,777 millones de pesos destinados a la construcción de una terminal multimodal de carga en Cancún. Este proyecto, que será edificado en 261 hectáreas propiedad del gobierno de Quintana Roo, implicará la remoción de una significativa cantidad de vegetación forestal. La terminal se ubicará estratégicamente a la altura del kilómetro 841 de la vía del Tren Maya, a solo 8 kilómetros del Aeropuerto Internacional de Cancún.
Entre las obras también se planea la construcción de un turbosinoducto de 14 kilómetros, junto con instalaciones para el almacenamiento y carga de combustibles. Según el gobierno, esta infraestructura facilitará el suministro de turbosina a la terminal aérea que maneja el segundo mayor volumen de operaciones en el país.
D’ Christy también ha extendido sus preocupaciones a la saturación del principal puerto de carga en la Península de Yucatán, que actualmente enfrenta dificultades para manejar la creciente demanda de transporte de diversas mercancías. La conexión del Tren Maya con el Transístmico y la Red Nacional Ferroviaria se presenta como una solución para mitigar estos problemas logísticos, permitiendo así una distribución más eficiente de combustible y otros productos esenciales en la región.
Este componente de carga del proyecto es clave para su rentabilidad, especialmente porque actualmente no existe un sistema que enlace a la península de manera efectiva para la distribución. Mientras las advertencias persisten, el futuro del Tren Maya se encuentra en una encrucijada entre el desarrollo económico y la preservación ambiental. La discusión sobre su sostenibilidad y seguridad continúa, resaltando la importancia de una evaluación exhaustiva de las condiciones del suelo y su impacto en el ecosistema local.
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