Un panorama preocupante se perfila para México en los próximos meses, según el especialista en hidrología y cambio climático, René Lobato Sánchez. Durante un reciente webinar organizado por la Asociación Nacional de Entidades de Agua y Saneamiento de México (ANEAS), se subrayaron las posibles complicaciones que podrían derivarse del fenómeno de El Niño, que se espera intensifique sus efectos hacia finales de 2026.
Lobato Sánchez destacó que, aunque actualmente el Pacífico ecuatorial se encuentra en una etapa neutra, se prevé que esta situación cambie pronto. “Creemos que el Niño neutro está casi por concluir. Muy probablemente en junio ya iniciemos con una temperatura superficial del mar que esté por encima de ese umbral y empecemos a considerar que estamos frente a una condición de El Niño”, advirtió.
Este fenómeno climático no es trivial, ya que tiene una influencia significativa en el clima de México y el resto del mundo, alterando patrones de lluvia, temperaturas y la formación de ciclones tropicales. El experto anticipa una temporada caracterizada por un aumento en la actividad de huracanes en el Pacífico y una reducción en el Atlántico. Además, se prevé que El Niño alcance una intensidad fuerte en otoño e invierno, presentando anomalías de temperatura en la superficie del mar superiores a dos grados centígrados.
Las proyecciones indican que el sur y sureste del país serán las regiones más afectadas en cuanto a precipitaciones, aunque se espera que junio traiga lluvias relativamente favorables para gran parte del país. Sin embargo, el optimismo puede ser efímero, ya que se pronostica una disminución significativa de las lluvias en los meses de julio y agosto, afectando especialmente al centro, sur y sureste.
Pero la situación es aún más alarmante con respecto a las olas de calor. Lobato Sánchez mencionó que hay entre un 70 y un 100% de probabilidad de que las temperaturas superen los valores históricos durante los meses de junio, julio y agosto. “Vamos a tener temperaturas altas, muy altas, hasta del orden de cuatro o cinco grados por arriba de su valor normal”, advirtió. Estas olas de calor, asociadas con sistemas de alta presión, pueden atrapar el aire caliente cerca de la superficie, inhibiendo la formación de lluvias y generando una mayor demanda de agua. Las consecuencias son preocupantes, afectando cultivos, elevando riesgos sanitarios y complicando la operación de los sistemas hidráulicos.
Por otro lado, el último Monitor de Sequía de México, datado a la primera quincena de mayo de 2026, reportó una buena noticia: el país dejó de registrar áreas con sequía excepcional (D4) por primera vez desde septiembre de 2023. Las lluvias por encima del promedio en diversas regiones, como el norte, noreste, centro, sur y la península de Yucatán, han permitido una reducción en las zonas afectadas por sequía moderada a extrema en estados como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. A nivel nacional, la superficie impactada por sequía moderada a extrema cayó del 3.8% al 3.2%, marcando una disminución de 0.6 puntos porcentuales.
Sin embargo, el camino hacia adelante aún está cargado de incertidumbres climáticas y desafíos significativos. La situación exige atención continua y preparación ante la probabilidad de condiciones severas que podrían impactar la vida cotidiana y la economía de muchas regiones del país.
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