El secretario de Transporte de Estados Unidos, Sean Duffy, ha dado un fuerte golpe en la mesa al anunciar medidas contundentes en respuesta al, según él, “descarado incumplimiento” de México respecto al Acuerdo Bilateral de Transporte Aéreo de 2015. Este conflicto surge tras las acusaciones de que México ha forzado a los operadores de carga a trasladarse al poco accesible aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA) y ha revocado permisos cruciales para que las aerolíneas operen en horarios específicos en aeropuertos saturados.
Duffy enfatiza que no solo se ha traicionado un acuerdo, sino que también se ha distorsionado el mercado, dejando a las empresas estadounidenses con costos adicionales por millones. A pesar de que México justificó la reubicación de las operaciones de carga del AICM al AIFA diciendo que era para facilitar obras de mejora, tres años después, estas no han dado resultados tangibles.
A partir del 18 de agosto, Duffy ha fijado nuevas normas: las aerolíneas mexicanas deberán obtener autorización del Departamento de Transporte (DOT) para realizar vuelos chárter de gran capacidad. Además, los vuelos regulares programados para después del 19 de agosto deberán presentar sus horarios con 30 días de anticipación para recibir la aprobación necesaria. Estas restricciones aplican a vuelos de pasajeros y de carga, generando un control adicional sobre las operaciones aéreas mexicanas hacia Estados Unidos.
La situación se complica aún más con la revocación del acuerdo de inmunidad antimonopolio entre Delta y Aeroméxico, lo que podría desestabilizar la alianza crucial entre ambas aerolíneas.
Este escenario problemático es un reflejo de las políticas implementadas por Andrés Manuel López Obrador, que han dejado un sistema aeroportuario desarticulado. Durante su administración, se canceló el nuevo aeropuerto internacional en Texcoco y se impuso el AIFA, lo que ha resultado en una operación reducida en el AICM sin soluciones adecuadas.
Las repercusiones para la aviación mexicana podrían ser devastadoras. Aeroméxico podría perder su capacidad de coordinar precios y rutas con Delta, dejándola en una desventaja competitiva considerable. Las aerolíneas de bajo costo se enfrentarán a más trabas burocráticas, limitando su capacidad de expansión y afectando la oferta para los pasajeros. En consecuencia, los consumidores mexicanos se verán perjudicados con menos opciones, tarifas más altas y un servicio de menor calidad.
El conflicto por los slots — horarios de operación en los aeropuertos — podría transformarse en la controversia aérea más significativa en décadas entre México y Estados Unidos. Con cadenas logísticas, rutas estratégicas y el turismo en juego, las repercusiones de estas decisiones pueden ser de gran alcance. Ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum se enfrenta al reto de resolver esta problemática heredada de su predecesor.
La fecha original de esta información es del 21 de julio de 2025, lo que subraya la necesidad de continuar monitoreando el desarrollo de esta situación crítica en el sector aéreo.
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