Marina Abramović ha regresado a Berlín con su primera exposición individual desde los años 90, titulada “Balkan Erotic Epic. The Exhibition”, que se inauguró en Gropius Bau y estará abierta al público hasta el 23 de agosto. Este ambicioso proyecto reúne obras históricas y recientes, reflejando su profunda conexión con rituales, eroticismo, muerte y el cuerpo como un espacio de intensa carga política y espiritual.
La exposición invita a los espectadores a explorar el vínculo entre la fertilidad, la mortalidad y la transformación, utilizando el folklore balcánico como base. A través de una fusión de cine, instalación, escultura y acción en vivo, Abramović cuestiona la frontera entre la experiencia individual y la colectiva. Momentos de humor emergen junto a la lamentación, desafiando la noción de un significado único.
Durante el abarrotado evento de apertura, se proyectó su video “Tito’s Funeral” (2025), mostrando a mujeres en un trance casi ritualístico, mientras Svetlana Spajić ofrecía una actuación en vivo acompañada por una procesión de banda de metales. Para comprender mejor la dimensión de esta muestra, ARTnews conversó por correo electrónico con Agnes Gryczkowska, la co-curadora de la exhibición, quien ha llevado su experiencia en curaduría hacia la creación de exposiciones que dialogan entre narrativas contemporáneas e históricas.
Gryczkowska destaca que “Balkan Erotic Epic: The Exhibition” amplifica temas que han caracterizado a la obra de Abramović desde sus inicios, trasladando el foco del cuerpo individual al colectivo. Este cambio refuerza el papel del cuerpo como un instrumento ritual, inmerso en la mitología y la herencia cultural de los Balcanes. A diferencia de sus obras anteriores, que a menudo exploraban el sufrimiento personal y el aislamiento, esta exhibición aborda la experiencia compartida y las interacciones comunitarias a través de gestos colectivos.
Entre los retos de curar este complejo espectáculo, Gryczkowska menciona la dificultad de traducir la intensidad del performance a un contexto museístico sin reducirlo a una mera documentación. El objetivo fue preservar la esencia de la obra, uniendo la historia de Yugoslavia con la biografía de Abramović y su exploración del eroticismo. La muestra se divide en tres capítulos: “El Cuerpo Político”, “Erotismo de la Tierra” y “Erotismo y Muerte”, lo que permite un desarrollo más claro de estas ideas.
La curadora también se preocupó por evitar la trivialización de prácticas rituales balcánicas, tratándolas con respeto y profundidad. La inclusión de un fragmento de figura femenina neolítica de Macedonia del Norte añade un contexto histórico que subraya la persistencia de estos símbolos en el presente. Aunque Abramović maneja la temática del erotismo, lo hace entrelazando humor y seriedad, previniendo que su obra se convierta en un espectáculo sensacionalista.
La exposición se siente especialmente relevante al marcar la primera vez que Abramović muestra su trabajo en Berlín desde la década de 1990. La ciudad, con su historia marcada por la división, el comunismo y el capitalismo, se convierte en un escenario idóneo para abordar las complejidades de su legado y las tensiones intrínsecas de su obra.
Finalmente, el proceso de curaduría se ha convertido en un viaje de reflexión profunda y colaboración íntima, donde la visión de Abramović se une con la perspectiva única de Gryczkowska. Juntas, han logrado estructurar un recorrido que destaca la capacidad del arte para confrontar lo visceral y lo significativo, invitando al público a replantear cómo se enfrentan a experiencias que la cultura contemporánea a menudo evita.
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