Campesinos del este de México enfrentan una crisis ambiental alarmante. En los últimos años, han visto morir sus naranjos y limoneros, atribuyendo el desastre a las prácticas de fractura hidráulica, comúnmente conocida como “fracking”, utilizadas para la extracción de gas natural. Ante esta problemática, agricultores y expertos han expresado su preocupación por la reciente decisión del gobierno de Claudia Sheinbaum de profundizar en esta polémica técnica de extracción.
En un anuncio que ha causado revuelo, Sheinbaum presentó a los expertos que explorarán técnicas menos contaminantes para llevar a cabo el fracking. Aseguró que cualquier decisión se basará en evidencia científica, mientras el gobierno busca reducir la alta dependencia de gas estadounidense, que actualmente representa un 70% del consumo en México.
Este enfoque marca un cambio significativo respecto a la política de Andrés Manuel López Obrador, quien rechazó de forma contundente esta técnica durante su administración del 2018-2024. El fracking, que implica romper formaciones rocosas subterráneas para extraer gas y petróleo, ha sido objeto de críticas por su alto consumo de agua y el uso de químicos contaminantes, además de su capacidad para provocar microsismos.
México sigue la estela de Estados Unidos, que desde hace más de 15 años lidera la producción mundial de petróleo y gas. Hasta 2019, México había realizado una incursión limitada en la exploración de fracking, con alrededor de 30 pozos no convencionales y unos 8,500 pozos convencionales también explotados mediante esta técnica, según Manuel Llano, miembro de la ONG Alianza Mexicana contra el Fracking.
En el estado de Veracruz, principal productor de cítricos del país, los habitantes culpan al fracking por la desertificación de sus tierras y la contaminación del agua. Gloria Domínguez, residente de Papantla, expresó su desánimo, afirmando que “la tierra es infértil” y que no pueden producir ni maíz. Galdino García Juárez, de Coatzintla, confirmó que la escasez de agua ha aumentado desde que comenzaron las operaciones de fracking en 2005.
La situación es preocupante, y aunque Sheinbaum ha mencionado nuevas tecnologías para reciclar agua y utilizar químicos biodegradables, los expertos debaten la viabilidad de estas innovaciones. Manuel Llano alertó que el fracking es cuatro veces más caro que la producción en pozos convencionales, lo que plantea inquietudes sobre su rentabilidad en el contexto del mercado actual del petróleo y gas.
En América Latina, países como Argentina y Chile también han utilizado el fracking, mientras que Colombia busca prohibirlo. Europa, por su parte, ha tomado decisiones más restrictivas, impidiendo su uso en naciones como Francia y Alemania, y estableciendo moratorias en el Reino Unido.
Sheinbaum defiende que la implementación del fracking otorgará a México mayor soberanía energética. Sin embargo, la falta de recursos y tecnología de Petróleos Mexicanos (Pemex) plantea desafíos significativos. Analistas advierten que la experiencia para operar estos campos críticos se encuentra mayormente en manos de empresas estadounidenses, que esperan condiciones de seguridad jurídica adecuadas para invertir.
Una situación que seguirá desarrollándose, mientras que las comunidades afectadas esperan respuestas efectivas y un futuro más sostenible.
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