Ainhoa Arteta, reconocida soprano vasca, ha denunciado un robo sufrido en su vehículo en el parking público de Okendo, en el corazón de San Sebastián, el pasado 10 de septiembre de 2026. Este aparcamiento se encuentra estratégicamente ubicado bajo el Teatro Victoria Eugenia y adyacente al Hotel María Cristina. Según la artista, los delincuentes forzaron una de las ventanillas de su coche para apoderarse de su bolso, que contenía dinero en efectivo, documentación y otros objetos personales.
Arteta compartió este desagradable episodio a través de sus redes sociales, publicando imágenes del estado en el que halló su automóvil. Tras el robo, la soprano acudió a la Ertzaintza para formalizar una denuncia, aunque su experiencia con la policía no fue satisfactoria. Expresó su frustración en un video de Instagram, donde destacó la tardanza de una hora en la llegada de los agentes. Arteta remarcó su sensación de inseguridad tras el asalto, subrayando la ironía de haber sido víctima en un aparcamiento de pago.
La soprano hizo un llamado a sus seguidores para que difundieran su historia, planteando una inquietante pregunta: “Hoy he sido yo, ¿mañana quién será?”. Con esta reflexión, no solo buscó visibilidad para su caso, sino que también cuestionó la falta de respuesta ante situaciones de este tipo.
En una transmisión en directo desde su auto, Arteta amplió sus críticas y defendió su compromiso de contribuir fiscalmente en España. A pesar de haber recibido ofertas para trasladar su patrimonio a “paraísos fiscales”, optó por permanecer en el país, argumentando que los impuestos deben revisarse en beneficio de la seguridad y el bienestar de la sociedad. Según sus palabras, el dinero público debería destinarse “para el progreso de la nación” y no para que “unos chorizos se lo lleven en joyas”.
Durante esta conexión en vivo, también relató una experiencia traumática de su pasado: el “impuesto revolucionario” que ETA exigía a empresarios y personas con recursos durante los años de actividad terrorista de la organización. Arteta compartió que a lo largo de su vida ha enfrentado múltiples formas de violencia y presión. “He sufrido el franquismo, pero bien, el franquismo fuerte”, afirmó, antes de aludir a las amenazas que siente ante su visibilidad y situación económica actual.
El robo en el parking de Okendo resalta no solo la pérdida de pertenencias, sino también una profunda sensación de desprotección que la artista ha experimentado tras la falta de respuesta inmediata de las autoridades ante su solicitud de asistencia. Esta situación, lamentablemente, refleja una preocupación más amplia sobre la seguridad en espacios públicos, incluso en áreas que deberían ser consideradas seguras.
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